anto los
animales como la mujer salvaje son especies
en peligro de extinción. No es ningún
misterio. Tampoco es casual que los lobos y
los coyotes, los osos y las mujeres
inconformistas tengan una fama parecida.
Todos ellos comparten unos arquetipos
instintivos semejantes y, como tales, se les
considera erróneamente poco gratos, total y
congénitamente peligrosos y voraces.
La mujer moderna es un borroso torbellino de
actividad. Se ve obligada a serlo todo para
todos. Ya es hora de que se restablezca la
antigua sabiduría.
Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten
ciertas características psíquicas; una
aguda percepción, un espíritu lúdico y una
elevada capacidad de afecto. Los lobos y las
mujeres son sociales e inquisitivos por
naturaleza y están dotados de una gran
fuerza y resistencia. Son también
extremadamente intuitivos y se preocupan con
fervor por sus vástagos, sus parejas y su
manada. Son expertos en el arte de adaptarse
a las circunstancias siempre cambiantes y son
fieramente leales y valientes.
Y sin embargo, ambos han sido perseguidos,
hostigados y falsamente acusados de ser
voraces, taimados y demasiado agresivos y de
valer menos que sus detractores. Han sido el
blanco de aquellos que no sólo quisieran
limpiar la selva sino también el territorio
salvaje de la psique, sofocando lo instintivo
hasta el punto de no dejar ni un rastro de
el.
La depredación que ejercen sobre los lobos y
las mujeres aquellos que no los comprenden es
sorprendentemente similar.
En el periodo posterior a la segunda guerra
mundial, a pesar de que no se aprobaba lo que
ellas escribían, las mujeres seguían
trabajando con ahínco. A pesar de que no se
reconocía el menor mérito a lo que
pintaban, sus obras alimentaban el espíritu.
Las mujeres tenían que suplicar a fin de
conseguir los instrumentos y los espacios
necesarios para su arte y, si no obtenían
nada, hallaban su espacio en los arboles, las
cuevas, los bosques y los roperos. El baile
apenas se toleraba en el menor de los casos,
por lo cual ellas bailaban en el bosque donde
nadie podía verlas, o en el sótano, o
cuando salían a sacar la basura. Su
acicalamiento suscitaba recelos. Un cuerpo o
un vestido llamativos aumentaban el peligro
de sufrir daños o agresiones sexuales. Ni
siquiera podían considerar suyas las prendas
de vestir que llevaban.
Los cuentos de hadas, los mitos y los relatos
proporcionan interpretaciones que aguzan
nuestra visión y nos permiten distinguir y
reencontrar el camino trazado por la
naturaleza salvaje. Las enseñanzas que
contienen nos infunden confianza: el camino
no se ha terminado sino que sigue conduciendo
a las mujeres hacia el conocimiento cada vez
mas profundo de si mismas. Los senderos que
todos seguimos son los del Yo instintivo
innato y salvaje.
Algunas mujeres perciben este vivificante
<sabor de lo salvaje> durante el
embarazo, durante la lactancia de los hijos,
durante el milagro del cambio que en ellas se
opera cuando crían a un hijo o cuando cuidan
una relación amorosa con el mismo esmero que
se cuida un amado jardín.
La existencia de la mujer salvaje también se
percibe a través de la vision; a través de
la contemplación de la sublime belleza. Yo
la he percibido contemplando lo que en los
bosques llamamos una puesta de sol <de
Jesús Dios>. La he sentido en mi interior
viendo venir a los pescadores del lago en el
crepúsculo con las linternas encendidas y,
asimismo, contemplando los dedos de los pies
de mi hijo recién nacido, alineados como una
hilera de maíz dulce. La vemos donde la
vemos, o sea, en todas partes.
Viene también a nosotras a través del
sonido; a través de la música que hace
vibrar el esternón y emociona el corazón;
viene a través de la palabra escrita y
hablada; a veces, una palabra, una frase, un
poema o relato es tan sonoro y acertado que
nos induce a recordar, por lo menos durante
un instante, de que materia estamos hechas
realmente y donde esta nuestro verdadero
hogar.
Estos transitorios <sabores de lo
salvaje> se perciben durante la mística
de la inspiración... ah, aquí esta; oh, ya
se ha ido. El anhelo que sentimos de la mujer
salvaje surge cuando nos tropezamos con
alguien que ha conseguido establecer una
relación indómita. El anhelo aparece cuando
una se da cuenta de que ha dedicado muy poco
tiempo a la hoguera mística o a la
ensoñación, y demasiado poco a la propia
vida creativa, a la obra de su vida o a sus
verdaderos amores. Y, sin embargo, son estas
fugaces experiencias que se producen trato a
través de la belleza como de la perdida las
que nos hacen sentir desnudas, alteradas y
ansiosas hasta el extremo de obligarnos a ir
en pos de la naturaleza salvaje.
Por consiguiente, aquí la palabra
<salvaje> no se utiliza en su sentido
peyorativo moderno con el significado de
falto de control sino en su sentido original
que significa vivir una existencia natural,
en la que la criatura posee una integridad
innata y unos limites saludables. Las
palabras <mujer> y <salvaje>
hacen que las mujeres recuerden quienes son y
que es lo que se proponen. Personifican la
fuerza que sostiene a todas las mujeres.
De hecho, en el inconsciente psicoide -- un
inefable estrato de la psique, del cual emana
este fenómeno-- la mujer salvaje es tan
inmensa que no tiene nombre. Pero, dado que
esta fuerza engendra todas las facetas
importantes de la feminidad, aquí en la
tierra se la denomina con muchos nombres, no
sólo para poder examinar la miríada de
aspectos de su naturaleza, sino también para
aferrarse a ella. Puesto que al principio de
la recuperación de nuestra relación con la
mujer salvaje, esta se puede esfumar en un
instante, al darle un nombre podemos crear
para ella un ámbito de pensamiento y
sentimiento en nuestro interior. Entonces
vendar, y si la valoramos, se quedará.
Así pues, en español yo la llamo Río
bajo el Río; La Mujer Grande; Luz del
Abismo; La Loba o La Huesera.
En húngaro se llama Ö, Erdöben, Ella
la de los bosques, y Rozsomák, el
Tejón Hembra. En navajo es Na'ashjé'ii
Asdzáá, La Mujer Araña que teje el
destino de los seres humanos y los animales,
las plantas y las rocas. En Guatemala, entre
otros muchos nombres, es Humana de niebla,
el Ser de la Niebla, la mujer que siempre ha
existido. En Japonés es Amaterasu Omikami,
La divinidad que trae toda luz y toda
conciencia. En el Tibet se llama Dakini,
la fuerza danzante que otorga clarividencia a
las mujeres. Y la lista de nombres sigue.
Ella sigue.
La Mujer salvaje es la salud de todas las
mujeres. Sin ella, la psicologia femenina
carece de sentido. La mujer salvaje es la
mujer prototípica; cualquiera que sea la
cultura, cualquiera que sea la época,
cualquiera que sea la política, ella no
cambia. Cambian sus ciclos, cambian sus
representaciones simbólicas, pero en esencia
ella no cambia. Es lo que es y ella es un
todo.
Se canaliza a través de las mujeres. Si
estas están aplastadas, ella las empuja
hacia arriba. Si las mujeres son libres, ella
también lo es. Afortunadamente, cuantas
veces la hacen retroceder, ella vuelve a
saltar hacia delante. Por mucho que se la
prohiba, reprima, constriña, diluya,
torture, hostigue y se le tache de insegura,
peligrosa, loca y otros epítetos, ella
vuelve a aflorar en las mujeres, de tal
manera que hasta la mujer mas comedida guarda
un lugar secreto para ella. Hasta la mujer
mas reprimida tiene una vida secreta con
pensamientos y sentimientos secretos
lujuriosos y salvajes, es decir, naturales.
Hasta la mujer mas cautiva conserva el lugar
de su Yo salvaje, pues sabe instintivamente
que algún día habrá un resquicio, una
abertura, una ocasión y ella la aprovechara
para huir.
¿Cuales son algunos de los síntomas
emocionales de una ruptura de la relación
con la fuerza salvaje de la psique? Sentir,
pensar o actuar crónicamente de alguna de
las maneras que a continuación se describen
es haber cortado parcialmente o haber perdido
por entero la relación con la psique
instintiva mas profunda. Utilizando un
lenguaje exclusivamente femenino, dichos
síntomas son: sentirse extremadamente seca,
fatigada, frágil, deprimida, confusa,
amordazada, abozalada, apática hasta el
extremo. Sentirse asustada, lisiada o débil,
falta de inspiración, animación,
espiritualidad o significado, avergonzada,
crónicamente irritada, voluble, atascada,
carente de creatividad, comprimida,
enloquecida. Sentirse impotente,
crónicamente dubitativa, temblorosa,
bloqueada, e incapaz de seguir adelante,
ceder la propia vida creativa a los demás,
hacer elecciones que desgastan ña vida al
margen de los propios ciclos, sobreproteger
el Yo, sentirse inerte, insegura, vacilante e
incapaz de controlar el propio ritmo o de
imponerse limites. No empeñarse en seguir el
propio ritmo, sentirse cohibida, lejos del
propio Dios o de los propios dioses, estar
separada de la propia revivificación,
arrastrada hacia la domesticidad, el
intelectualismo, el trabajo o la inercia por
ser este el lugar mas seguro para alguien que
ha perdido sus instintos. Temor a aventurarse
en solitario o revelarse, temor a buscar un
mentor, una madre o un padre, temor a
presentar un trabajo hasta que no se ha
conseguido la perfección absoluta, temor a
emprender un viaje, temor a interesarse por
otro o por otros, temor a seguir adelante,
huir o venirse abajo, rebajarse ante la
autoridad, perder la energía en presencia de
proyectos creativos, sentir encogimiento,
humillación, angustia, entumecimiento,
ansiedad.
emor a
reaccionar con agresividad cuando ya no queda
nada mas que hacer; temer probar cosas
nuevas, enfrentarse con desafíos, hablar
claro, oponerse; sentir nauseas, mareos,
acidez estomacal, sentirse como cortada por
la mitad o asfixiada; mostrarse conciliadora
o excesivamente amable, vengarse.
Temor a detenerse o actuar, contar
repetidamente hasta tres sin decidirse a
empezar, tener complejo de superioridad,
ambivalencia, y sin embargo, estar totalmente
capacitada para obrar a pleno rendimiento.
Estas rupturas no son una enfermedad de una
era o un siglo sino que se convierten en una
epidemia en cualquier lugar y momento en que
las mujeres estén cautivas, en todas las
ocasiones en que la naturaleza salvaje haya
caído en una trampa.
Una mujer sana se parece mucho a una loba:
robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza
vital, dadora de vida, consciente de su
propio territorio, ingeniosa, leal, en
constante movimiento. En cambio, la
separación de la naturaleza salvaje provoca
que la personalidad de una mujer adelgace, se
debilite y adquiera un carácter espectral y
fantasmagórico. No estamos hechas para ser
unas criaturas enclenques de cabello frágil,
incapaces de pegar un salto, de perseguir,
dar a luz y crear una vida. Cuando las vidas
de las mujeres se quedan estancadas o se
llenan de aburrimiento, es hora de que emerja
la mujer salvaje; es hora de que la función
creadora de la psique inunde el delta.
¿Como influye la mujer salvaje en las
mujeres? Teniéndola a ella por aliada, jefa,
modelo y maestra, vemos no a través de dos
ojos sino a través de los ojos de la
intuición, que tiene muchos. Cuando
afirmamos nuestra intuición somos como la
noche estrellada: contemplamos el mundo a
través de miles de ojos.
La naturaleza salvaje acarrea consigo los
fardos de la curación; lleva todo lo que una
mujer necesita para ser y saber. Lleva la
medicina para todas las cosas. Lleva relatos,
sueños, palabras, cantos signos y símbolos.
Es al mismo tiempo el vehículo y el destino.
Unirse a la naturaleza instintiva no
significa deshacerse, cambiarlo todo de
derecha a izquierda, del blanco al negro,
trasladarse del este al oeste, comportarse
como una loca sin control. No significa
perder las relaciones propias de una vida en
sociedad o convertirse en un ser menos
humano. Significa justo lo contrario, ya que
la naturaleza salvaje posee una enorme
integridad.
Significa establecer un territorio, encontrar
la propia manada, estar en el propio con
certeza y orgullo, cualesquiera que sean los
dones y las limitaciones físicas, hablar y
actuar en nombre propio, ser consciente y
estar en guardia, echar mano de las innatas
facultades femeninas de la intuición y la
percepción, recuperar los propios ciclos,
descubrir que lugar le corresponde a una,
levantarse con dignidad y conservar la mayor
conciencia posible.
El arquetipo de la Mujer Salvaje y todo lo
que esta representa es la patrona de todos
los pintores, escritores, escultores,
bailarines, pensadores, inventores de
plegarias, buscadores, descubridores, pues
todos ellos se dedican a la tarea de la
invención y esta es la principal ocupación
de la naturaleza instintiva. Como todo arte,
reside en las entrañas, no en la cabeza.
Puede rastrear y correr, convocar y repeler.
Puede percibir, camuflarse y amar
profundamente. Es intuitiva, típica y
respetuosa con las normas. Es absolutamente
esencial para la salud mental y espiritual de
las mujeres. Por consiguiente, ¿que es la
mujer salvaje?. Desde el punto de vista de la
psicologia arquetípica y también de las
antiguas tradiciones, ella es el alma
femenina. Pero es algo mas; es el origen de
lo femenino. Es todo lo que pertenece al
instinto, a los mundos visibles y ocultos...
es la base. Todas recibimos de ella una
resplandeciente célula que contiene todos
los instintos y los saberes necesarios para
nuestras vidas.
<...Es la fuerza Vida/Muerte/Vida, es la
incubadora. Es la intuición, es la
visionaria, la que sabe escuchar, es el
corazón leal. Anima a los seres humanos a
ser multilingües; a hablar con fluidez los
idiomas de los sueños, la pasión y la
poesía. Habla en susurros desde los sueños
nocturnos, deja en el territorio del alma de
una mujer un áspero pelaje y unas huellas
llenas de barro. Y ello hace que las mujeres
ansíen encontrarla, liberarla y amarla.
> Es todo un conjunto de ideas,
sentimientos, impulsos y recuerdos. Ha estado
perdida y medio olvidada durante muchísimo
tiempo, es la fuente, la luz, la noche, la
obscuridad, el amanecer. Es el olor del buen
barro y la pata trasera de la raposa. Los
pájaros que nos cuentan los secretos le
pertenecen. Es la voz que dice: ''Por aquí,
por aquí''.
> Es la que protesta a voces contra la
injusticia. Es la que gira como una inmensa
rueda. Es la hacedora de ciclos. Es aquella
por cuya búsqueda dejamos nuestro hogar. Es
el hogar al que regresamos. Es la lodosa
raíz de todas las mujeres. Es todas las
cosas que nos inducen a seguir adelante
cuando pensamos que estamos acabadas. Es la
incubadora de las pequeñas ideas sin pulir y
de los pactos. Es la mente que nos piensa;
nosotras somos los pensamientos que ella
piensa.
>¿Donde esta? ¿Donde la sientes, donde
la encuentras?. Camina por los desiertos, los
bosques, los océanos, las ciudades, los
barrios y los castillos. Vive entre las
reinas y las campesinas, en la habitación de
la casa de huéspedes, en la fabrica, en la
cárcel, en las montañas de la soledad. Vive
en el gueto, en la universidad y en las
calles. Nos deja sus huellas para que
pongamos los pies en ellas. Deja huellas
donde quiera que haya una mujer que es tierra
fértil.
>¿Donde vive? En el fondo del pozo, en
las fuentes, en el éter anterior al tiempo.
Vive en la lagrima y en el océano, en la
savia de los arboles. Pertenece al futuro y
al principio del tiempo. Vive en el pasado y
nosotras la llamamos. Esta en el presente y
se sienta a nuestra mesa, esta de nosotras
cuando hacemos cola y conduce por delante de
nosotras en la carretera. Esta en el futuro y
retrocede en el tiempo para encontrarnos.
>Vive en el verdor que asoma a través de
la nieve, vive en los crujientes tallos del
moribundo maíz del otoño, vive donde vienen
los muertos por un beso y en el lugar al que
los vivos envían sus oraciones. Vive donde
se crea el lenguaje. Vive en la poesía, la
percusión y el canto. Vive en las negras y
en las apoyaturas y también en la cantata,
en una sextina y en el blues. Es el momento
que precede al estallido de la inspiración.
Vive en un lejano lugar que se abre paso
hasta nuestro mundo.
A lo largo del tiempo, se superpusieron a los
viejos simbolos paganos otros de carácter
cristiano, de tal forma que el viejo
curandero de un cuento se convirtió en una
perversa bruja, un espíritu se transformo en
un ángel, un velo de iniciación en un
pañuelo o una niña llamada Bella (el nombre
habitual de una criatura nacida durante el
solsticio de verano) se rebautizó con el
nombre de Schmerzenreich, Apenada. Los
elementos sexuales se eliminaban. Las amables
criaturas y animales se transmutaban a menudo
en demonios y cocos. De esta manera se
perdieron muchos relatos didácticos sobre el
sexo, el amor, el dinero, el matrimonio, el
nacimiento, la muerte y la transformación.
De esta manera se borraron también los
cuentos de hadas y los mitos que explican los
antiguos misterios de las mujeres. Casi todas
las viejas colecciones de cuentos de hadas y
mitos que hoy en día se conservan se han
expurgado de todo lo escatológico, lo
sexual, lo perverso (incluso las advertencias
contra todas estas cosas), lo precristiano,
lo femenino, las diosas, los ritos de
iniciación, los remedios para los distintos
trastornos psicológicos y las instrucciones
para los arrobamientos espirituales.
Para nosotras la elección no ofrece duda.
Sin nosotras, la mujer Salvaje muere. Sin la
mujer salvaje, nos morimos nosotras. Para la
Vida, para la verdadera vida, ambas tenemos
que vivir.
©1992 / 1995
por Clarissa Pinkola Estés, Ph.D.