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Canción de primavera - Felix Mendelssohn

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¿Que hora es?

(Son un total de: 151 melodías clásicas.)

Capitulo 9

"Y fue precisamente en esta tierra donde una vez vivió un hombre, un hombre tan solitario que, con el paso de los años, las lágrimas habían labrado unos profundos surcos en sus mejillas".

LA PERDIDA DE LA PIEL.

El desarrollo del conocimiento, tal como se produce en las versiones de <<Barba Azul>>, <<Campanilla>>, <<La comadrona del diablo>>, <<La rosa silvestre>> y otros, se inicia con sufrimiento. El desarrollo parte de la inconsciencia, pasa por distintas formas de engaño y desde éste llega al hallazgo del camino del poder y, sobre todo, de la profundidad. El tema de la fatídica captura que pone a prueba la conciencia y termina en un profundo conocimiento es constante en los cuentos de hadas protagonizados por mujeres. Tales cuentos contienen unas sólidas instrucciones para todas nosotras acerca de la conducta que deberemos observar en caso de que nos capturen y de lo que tendremos que hacer para huir del cautiverio y pasar a través del bosque como una loba con ojo agudo.

Al final, cualquier mujer que permanezca demasiado tiempo alejada de su hogar espiritual, se cansa. Tal como debe ser. Entonces busca de nuevo su piel para recuperar el sentido del yo y del alma y restaurar su perspicaz y oceánica sabiduría. Este gran cielo de ir y volver, ir y volver, posee en el interior de la naturaleza instintiva femenina un carácter reflejo y es innato en todas las mujeres a lo largo de toda la vida, desde la infancia, la adolescencia y la edad adulta, pasando por el amor, la maternidad, el arte y la sabiduría hasta llegar a la vejez y mas allá de ésta. Estas fases no tienen por qué ser necesariamente cronológicas, pues muchas veces las mujeres de mediana edad son más recién nacidas, las ancianas son unas amantes apasionadas y las niñas pequeñas saben muchas cosas acerca de los encantamientos de las brujas.

Una y otra vez perdemos esta sensación de encontrarnos por entero en nuestra piel por los motivos ya mencionados y también a causa de un prolongado cautiverio. Las que se esfuerzan demasiado y sin el menor descanso también corren peligro. La piel del alma se desvanece cuando no prestamos atención a lo que estamos haciendo y, sobre todo, a lo que ello nos cuesta.

Todas las criaturas de la tierra regresan a casa. Es curioso que hayamos creado santuarios de fauna salvaje para el ibis, el pelícano, el airón, el lobo, la grulla, el venado, el ratón, el alce y el oso, pero no para nosotros mismos en los lugares donde vivimos día tras día. Sabemos que la perdida del hábitat es lo peor que le puede ocurrir a una criatura libre. Censuramos con vehemencia el hecho de que los territorios naturales de otras criaturas estén rodeados de ciudades, fincas, autopistas, ruido y otros elementos discordantes como si nosotros no estuviéramos rodeados y afectados por las mismas cosas. Sabemos que, para que las criaturas puedan seguir viviendo, es necesario que estas tengan de vez en cuando un hogar en el que se sientan libres y protegidas.

Tradicionalmente solemos compensar la perdida de un hábitat más sereno tomándonos unas vacaciones que deberían ser un placer, sólo que muchas veces no lo son. Podemos compensar nuestras discordancias de los días laborales procurando eliminar las cosas que nos tensan los músculos trapecios y deltoides y los convierten en unos dolorosos nudos.

Todo está muy bien, pero, para la psique del alma y del yo, las vacaciones no equivalen a un refugio. El tiempo libre o el descanso no son lo mismo que regresar a casa. La tranquilidad no es lo mismo que la soledad.

Sabemos que las decisiones equivocadas se producen de distintas maneras. Una mujer se casa prematuramente. Otra se queda prematuramente embarazada. Otra se va con una pareja inadecuada. Otra entrega su corazón a cambio de <<tener cosas>>. Otra se deja seducir por toda una serie de ilusiones, otra por promesas, otra por <<demasiada bondad>> y escasez del alma, otra por exceso de ligereza y falta de robustez. Y en los casos en que la mujer va medio despellejada, ello no se debe necesariamente a que sus decisiones sean erróneas sino más bien a que ha permanecido demasiado tiempo lejos de su hogar espiritual, se ha secado y no le sirve de nada a nadie y tanto menos a sí misma. Hay cientos de maneras de perder la piel del alma.

En las culturas cazadoras, el pellejo equivale al alimento por tratarse del producto más importante para la supervivencia. Se utiliza para hacer botas, forrar parkas, impermeabilizar las prendas y evitar que el hielo entre en contacto con la cara y las muñecas. El pellejo mantiene secos y a salvo a los niños pequeños, protege y calienta los vulnerables vientres, espaldas, pies, manos y cabeza de los seres humanos. Perder el pellejo es perder la protección, el calor, el precoz sistema de alarma, la vista instintiva. Psicológicamente, estar sin pellejo induce a una mujer a hacer lo que cree que debe hacer y no ya lo que sinceramente sesea. La induce a seguir cualquier cosa o cualquier persona que le parezca la más fuerte, tanto si le conviene como si no. Entonces salta mucho y mira poco. Se muestra graciosa en lugar de incisiva, rechaza y aplaza las cosas entre risas. Se abstiene de dar el siguiente paso, de hacer el necesario descenso y de permanecer allí abajo el tiempo suficiente como para que ocurra algo.

Desde el momento de nacer, existe en nuestro interior el salvaje impulso de que nuestra alma gobierne nuestra vida, pues la comprensión de que es capaz el ego resulta bastante limitada. Imaginemos el ego sujeto con una permanente correa relativamente corta; sólo puede penetrar hasta cierto punto en los misterios de la vida y el espíritu. Por regla general, se asusta, pues tiene la mala costumbre de reducir cualquier numinosidad a un <<eso no es más que>>. Exige hechos observables. Al ego no le suelen sentar bien las pruebas de carácter sentimental o místico. Por eso está solo y es muy limitado en las elaboraciones de esta clase y no puede participar por entero en los más misteriosos procesos del alma y la psique. Y, sin embargo, el hombre solitario anhela el alma y distingue vagamente las cosas espirituales y salvajes cuando las tiene cerca.

Los términos <<alma>> y <<espíritu>> se suelen usar indistintamente, pero en los cuentos de hadas el alma siempre es el pro-gynitor y el progenitor del espíritu. En la hermenéutica arcana, el espíritu nace del alma. El espíritu hereda la materia o se encarna en ella para averiguar datos acerca del mundo y transmitirlos al alma. Cuando no hay interferencias, la relación entre el alma y el espíritu es perfectamente simétrica y el uno enriquece al otro. El alma y el espíritu constituyen una ecología, como un estanque en el que las criaturas de abajo alimentan a las de arriba y las de arriba alimentan a las de abajo.

En los comienzos de la vida de una persona el ego siente curiosidad por el mundo del alma, pero se preocupa más a menudo por la satisfacción de sus propios apetitos. El ego nace al principio en nosotros como potencial, y el mundo que nos rodea es el que lo configura, lo desarrolla y llena de ideas, valores y deberes: nuestros padres, nuestros profesores, nuestra cultura. Y así debe de ser, dado que se convierte en nuestra escolta, nuestro blindaje y nuestro explorador en el mundo exterior. No obstante, si no se permite que la naturaleza se irradie hacia arriba y a través del ego, confiriéndole color, jugo y capacidad instintiva de reacción, por mas que la cultura apruebe lo que se haya inculcado en este ego, el alma no aprueba, no puede ni jamas podrá aprobar el carácter incompleto de semejante trabajo.

El ego es muy tosco en comparación con el alma. Su manera de hacer las cosas no suele ser sensible ni evocadora. Pero siente una ligera atracción –que apenas comprende—por la belleza de la luz. Y eso, de alguna manera y durante algún tiempo, lo tranquiliza.

Por consiguiente, nuestro ego-yo hambriento de alma roba el pellejo. <<Quédate conmigo –susurra el ego--. Yo te haré feliz, aislándote de tu yo-alma y de tus ciclos de regreso a tu hogar del alma. Te haré muy feliz. Quédate, por favor>>. De esta manera, tal como corresponde al comienzo de la individuación femenina, el alma se siente obligada a establecer una relación con el ego. La función mundana del servilismo del alma con respecto al ego se produce para que aprendamos como es el mundo y la manera de adquirir cosas, de trabajar y de distinguir todo lo bueno de lo no tan bueno, para que sepamos cuándo movernos, cuándo estarnos quietas y cómo convivir con otras personas, y para que aprendamos la mecánica y las intrigas de la cultura, la manera de conservar un empleo y de sostener en brazos a un niño, de cuidar el cuerpo y encargarnos de los negocios, es decir, todas las cosas del mundo exterior.

EL HIJO ESPIRITUAL.

En algunos de los cuentos más importantes, como el gaélico La bella y la bestia, el mexicano La bruja milagrosa y el japonés Tsukino Waguma: El oso, el hallazgo del camino de regreso al propio orden psíquico se inicia con la alimentación o el cuidado de una mujer, un hombre o una bestia solitaria y/o herida. El hecho de que semejante hijo, capaz de atravesar dos mundos tan distintos, pueda proceder de una mujer sin piel y <<casada>> con algo de sí misma o del mundo exterior tan solitario y subdesarrollado, es uno de los milagros constantes de la psique. Algo ocurre en nuestro interior cuando nos encontramos en esta situación, algo que genera un estado emocional, una minúscula nueva vida, una pequeña llama que arde en condiciones imperfectas, difíciles e incluso inhumanas.

LA RESECACION Y LA LISIADURA.

Casi todas las depresiones, los tedios y las erráticas confusiones de una mujer se deben a una vida del alma fuertemente limitada en la que la innovación, los impulsos y la creación están restringidos o prohibidos. La fuerza creativa confiere a las mujeres un enorme impulso que las induce a actuar. No podemos pasar por alto la existencia de los numerosos robos e incapacitaciones del talento de las mujeres que se producen por medio de las restricciones y los castigos que la cultura impone a sus instintos naturales y salvajes.

Podemos escapar de esta situación siempre y cuando haya un río subterráneo o incluso un pequeño arroyo procedente de algún lugar del alma que vierta sus aguas en nuestra vida. Sin embargo, si una mujer que se encuentra <<lejos de casa>> cede todo el poder, se convertirá primero en una niebla, después en un vapor y finalmente en una simple brizna de su antiguo yo salvaje.

LA LLAMADA DEL VIEJO.

¿Qué es este grito del mar? Esta voz del viento que llama al niño y lo hace levantar de la cama y salir a la noche es similar a un sueño que surge en la conciencia del soñador como una simple voz incorpórea. Dicen que los sueños en que aparece la voz incorpórea pueden producirse en cualquier momento, pero muy especialmente cuando el alma pasa por una situación apurada; en tales circunstancias, el yo profundo se lanza por así decirlo a la caza. ¡Bang! Habla la voz del alma de una mujer. Y le dice lo que va a ocurrir a continuación.

Menos mal que existe esta señal natural del regreso a casa, tanto más insistente cuanto mayor es nuestra necesidad de regresar. La señal se dispara cuando todo empieza a ser <<demasiado>>, tanto en sentido positivo como negativo. Puede haber llegado el momento de regresar a casa, tanto cuando existe demasiado estimulo positivo como cuando se registra una incesante disonancia. Es posible que estemos demasiado inmersas en algo, que algo nos haya agotado demasiado, que nos amen demasiado, o demasiado poco, que trabajemos demasiado o demasiado poco. Todas estas cosas tienen un precio muy alto. En presencia de un <<demasiado>>, nos vamos secando poco a poco, se nos cansa el corazón, empieza a faltarnos la energía y surge en nosotras un misterioso anhelo –que sólo acertamos a describir como <<un algo>>-- que se intensifica cada vez más, es entonces cuando nos llama el viejo.

LA PROLONGACION EXCESIVA DE LA ESTANCIA.

En las boscosas colinas de Indiana y Michigan, vive un sorprendente grupo de granjeros cuyos antepasados llegaron allí hace mucho tiempo desde las colinas de Kentucky y Tennessee. Aunque su lenguaje esta plagado de incorrecciones gramaticales de todo tipo, son unos grandes lectores de la Biblia y, por consiguiente, suelen emplear bellas y musicales palabras tales como: iniquidad, aromático y cántico. Y, además, utilizan muchas expresiones que se refieren al cansancio y a la ignorancia de las mujeres. La gente del campo no pule mucho las palabras. Las corta en bloques, las junta en pedazos que llama frases y las suelta tal y como vienen. <<Lleva demasiado tiempo trabajando como una burra>>, <<está derrengada>>, <<está tan cansada que ya ni siquiera encuentra el camino del establo>> y, especialmente, la brutal descripción, <<dar de mamar a una camada muerta>>, es decir, malgastar su vida en un matrimonio, un trabajo o una tarea inútil o insatisfactoria.

Cuando una mujer lleva demasiado tiempo lejos de casa, cada vez se siente menos capaz de avanzar por la vida. En lugar de tirar de un arnés elegido por ella misma, cuelga del que le ha n impuesto. Está tan exhausta y aturdida que pasa cansinamente por delante del lugar en el que podría hallar alivio y consuelo. La camada muerta está integrada por ideas, tareas y exigencias que no dan resultado, carecen de vida y no le aportan ninguna vida. La mujer que se encuentra en semejante estado palidece pero se vuelve irritable, es cada vez más exigente pero, al mismo tiempo, está más dispersa. Su vela arde y es cada vez más corta. La cultura popular lo llama <<consumirse>>, pero es algo mas que eso, es hambre del alma. Cuando se llega a este extremo, no queda más remedio que hacer una cosa; la mujer sabe finalmente, no que quizá o que a lo mejor volverá a casa sino que tiene que volver a casa.

El hombre, que también está reseco y tiene la cara llena de grietas por haber permanecido tanto tiempo solo, ha conseguido que la mujer foca entre en su casa y su corazón, prometiéndole que, al cabo de un cierto periodo, él le devolverá el pellejo y entonces ella podrá quedarse con él o regresar a su país si así lo desea. ¿qué mujer no se sabe de memoria esta promesa rota? <<En cuanto termine esto que estoy haciendo me podré ir. En cuanto pueda marcharme... Me iré en primavera. Me iré pasado el verano. Cuando los niños vuelvan a la escuela... Mas tarde en otoño cuando los arboles son tan hermosos, me iré. Esperaré hasta la primavera... Esta vez lo digo en serio.>>

El regreso a casa es especialmente importante cuando la mujer ha estado ocupada con cuestiones del mundo exterior y ha permanecido en él demasiado tiempo. ¿Qué duración tiene este tiempo? En cada mujer es distinta, pero baste decir que las mujeres saben con absoluta certeza cuándo han permanecido demasiado tiempo en el mundo y ya es hora de regresar a casa. Sus cuerpos están en el aquí y el ahora, pero sus mentes están muy lejos. Se mueren de ganas de iniciar una nueva vida. Ansían volver al mar. Viven simplemente para el mes que viene, hasta que pase el semestre, están deseando que termine el invierno para poder volver a sentirse vivas, están deseando que llegue una fecha místicamente establecida en algún momento del futuro en la que finalmente serán libres de hacer algo prodigioso. Creen que se morirán si no... (llena tú misma el espacio en blanco). Y todo tiene un aire de duelo. Experimentan desasosiego. Sensación de privación. Nostalgia. Tiran de los hilos sueltos de su falda y se pasan largo rato mirando a través de las ventanas. Y no se trata de un malestar transitorio. Es algo permanente que se va intensificando conforme pasa el tiempo.

Entre las lobas no se dan estas sensaciones de división a propósito de la partida o la permanencia, pues trabajan, paren, descansan y vagabundean siguiendo unos ciclos. Forman parte de un grupo que comparte los trabajos y los cuidados cuando otros miembros de la manada se hallan ausentes. Es una buena manera de vivir. Es una manera de vivir que posee toda la integridad de lo femenino salvaje.

El impulso que experimentan las mujeres de <<curarlo todo y arreglarlo todo>> es una peligrosa trampa creada por las exigencias que nos impone nuestra cultura y que consisten sobre todo en las presiones que nos obligan a demostrar que no estamos ahí sin hacer nada como unos pasmarotes sino que poseemos un valor amortizable; podríamos decir incluso que en algunas partes se nos obliga a demostrar que valemos para algo y que, por consiguiente, tenemos derecho a vivir. Estas presiones se introducen en nuestra psique cuando somos muy jóvenes e incapaces de juzgar y oponer resistencia. Más tarde las presiones se convierten en ley, a no ser que las desafiemos o hasta que nos decidamos a hacerlo.

LA LIBERACION, LA INMERSION.

¿Qué es el ansia de hogar? Es el instinto de volver, de ir al lugar recordado. Es la capacidad de encontrar tanto de día como de noche el propio hogar. Todas sabemos cómo regresar a casa. Por mucho tiempo que haya transcurrido, sabemos encontrar el camino. Caminamos de noche cruzando tierras extrañas y tribus desconocidas sin ningún mapa, preguntando a los viejos personajes que encontramos por el camino: <<¿Por donde se va?>>.

La respuesta exacta a la pregunta <<¿Dónde está el hogar?>> es más complicada, pero se trata en cierto modo de un lugar interior, de un lugar del tiempo más que del espacio, en el que una mujer se siente entera. El hogar está allí donde un pensamiento o un sentimiento se puede conservar sin que se interrumpa o nos sea arrebatado por que otra cosa exige nuestro tiempo y nuestra atención. A lo largo de los siglos las mujeres han encontrado miles de maneras de tenerlo y crearlo aunque sus deberes y sus tareas fueran interminables.

Es justo que las mujeres se esfuercen por salir, se liberen, tomen, hagan, conspiren y afirmen su derecho a regresar a casa. El hogar es un estado de animo continuado o una sensación que nos permite experimentar sentimientos no necesariamente manifestados en el mundo exterior: asombro, visión, paz, liberación de las preocupaciones, de las exigencias, de los constantes parloteos. Todos estos tesoros del hogar se tienen que almacenar en la psique para su posterior utilización en el mundo de arriba.

Aunque hay muchos lugares físicos a los que una puede ir para <<sentir>> su regreso a este hogar especial, el lugar físico propiamente dicho no es el hogar; es tan sólo el vehículo que mece el ego para que se duerma mientras recorremos el resto del camino solas. Los vehículos que utilizan las mujeres para regresar a casa son muchos: la música, el arte, el bosque, la espuma del mar, el amanecer, la soledad. Todos ellos nos conducen al nutritivo mundo interior del hogar que posee sus propias ideas, su orden y su sustento.

Algunas mujeres nunca regresan a casa y siguen viviendo su vida en la zona zombi. Lo más cruel de su estado exánime es que la mujer actúa, camina, habla, se comporta, e incluso hace un montón de cosas, pero ya no percibe los efectos de lo que ha fallado. Si los percibiera, su dolor la obligaría a solventar el fallo. Pero no, la mujer que se encuentra en semejante estado sigue avanzando medio ciega con los brazos extendidos para defenderse de la angustiosa perdida del hogar. Tal y como dicen en las Bahamas: <<Se ha vuelto sparat>>, es decir, su alma se ha ido sin ella y la ha dejado debilitada, haga lo que haga.

En este estado las mujeres experimentan la extraña sensación de hacer muchas cosas que no les producen la menor satisfacción. Hacen lo que creen que deseaban hacer, pero el tesoro que sostenían en sus manos se ha trocado en cierto modo en polvo. Es bueno que una mujer en semejante estado tenga esta percepción. El descontento es la puerta secreta que permite acceder a un cambio significativo y propiciador de vida.

Para algunas mujeres el hogar es un bosque, un desierto, un mar. En realidad, el hogar es holográfico, se desarrolla en toda su plenitud incluso en un solo árbol, un solo cacto del escaparate de una tienda, un estanque de serenas aguas. Se desarrolla también en toda su potencia en una amarilla hoja caída sobre el asfalto, una roja maceta de arcilla que espera la plantación de una raíz o una gota de agua sobre su tierra. Cuando una mujer se concentra con los ojos del alma, ve el hogar en muchísimos lugares.

Si la mujer valora al máximo sus ciclos de regreso a casa, aquellos que la rodean también aprenderán a valorarlos. Pero no cabe duda de que también se puede disfrutar del <<hogar>>, reservando un poco de tiempo de nuestra rutina cotidiana, un tiempo que tiene que ser sagrado y estar dedicado exclusivamente a nuestra propia persona. La frase <<dedicado exclusivamente a nuestra propia persona>> puede significar cosas distintas para distintas mujeres. Para algunas el hecho de encerrarse en una habitación, pero estar disponible para los demás puede ser un estupendo regreso a casa. Otras, en cambio, necesitan que no se produzca la más mínima interrupción cuando se sumergen en el hogar. Nada de: <<Mami, mami, ¿dónde están mis zapatos?>> Nada de: <<Cariño, ¿necesitamos algo de la tienda?>>.

Cualquiera que sea el periodo de tiempo que permanezcamos en nuestro hogar, tanto si es una hora como si son varios días, recuerda que otras personas pueden cuidar de tus gatos aunque tus gatos digan que sólo tú lo sabes hacer bien. Tu perro intentara hacerte creer que estás abandonando a un niño en la carretera, pero te perdonará. La hierba se marchitará un poco, pero reverdecerá. Tú y tu hijo os echaréis mutuamente de menos, pero os alegraréis de veros a tu regreso. Puede que tu pareja refunfuñe. Lo superará. Puede que tu jefe te amenace. También lo superará. Permanecer demasiado tiempo lejos de casa es una locura. Regresar a casa es la cordura.

Cuando el ciclo del regreso a casa de las mujeres sufre algún trastorno, muchas creen que, para poder sentirse libres de marcharse y satisfacer sus necesidades psíquicas, tienen que pelearse con su jefe, con sus hijos, con sus padres o con su pareja. Y entonces se produce el estallido y la mujer dice: <<Bueno pues, me voy. Como eres tan... (llena tú misma el espacio en blanco), me voy y sanseacabó.>> Sube al coche y en medio del rugido del motor y de una polvareda de grava, se larga sin más.

Cuando una mujer tiene que luchar por lo que en justicia le corresponde, siente que su deseo de regresar a casa está absolutamente justificado. Es interesante observar que, en caso necesario, los lobos luchan para conseguir lo que quieren, tanto si se trata de comida como si se trata de sueño, sexo o tranquilidad. Podría parecer que la lucha por conseguir lo que u no quiere es la adecuada reacción instintiva cuando la persona tropieza con obstáculos. Sin embargo, en el caso de muchas mujeres la lucha se tiene que combatir también, o exclusivamente, en su interior contra todo el complejo interno que niega su necesidad. Por otra parte, el hecho de haber estado en casa y haber regresado de allí permite que una mujer pueda rechazar con más eficacia una cultura agresiva.

LA MUJER MEDIAL: LA RESPIRACION BAJO EL AGUA.

Existe en el núcleo esencial de las mujeres lo que Toni Wolffe, un analista junguiano que vivió en la primera mitad del siglo XX, llamó <<la mujer medial>>. La mujer medial está situada entre los mundos de la realidad consensual y del inconsciente místico y actúa de mediadora entre ambos. La mujer medial es la transmisora y receptora de dos o más serias de valores e ideas. Es la que da vida a nuevas ideas, cambia las ideas antiguas por las innovadoras, se traslada desde el mundo de lo racional al mundo de la imaginación. <<Oye>> cosas, <<sabe>> cosas e <<intuye>> lo que va a ocurrir a continuación.

La Mujer Salvaje es la combinación de sentido común y sentido del alma. La mujer medial es su doble y también es capaz de experimentar ambas cosas. La mujer medial pertenece a este mundo pero puede viajar sin dificultad hasta las honduras de la psique. Algunas mujeres tienen este don innato. Otras lo adquieren. No importa la forma en que una mujer lo consiga, pero uno de los efectos del regreso habitual a casa es el fortalecimiento de la mujer medial de la psique cada vez que una mujer va y viene.

LA SALIDA A LA SUPERFICIE.

Los inuit dicen que estas herramientas pertenecen a <<una mujer de verdad>>. Son los que necesita una mujer para <<labrarse su propia vida>>. Su cuchillo corta, viste, libera, dibuja, hace que los materiales encajen. Su conocimiento de los palillos para encender el fuego le permite encender el fuego en las mas adversas condiciones. Sus piedras labradas expresan su sabiduría mística, su repertorio curativo y su unión personal con el mundo del espíritu.

Utilizando la terminología psicológica, estas metáforas tipifican las fuerzas comunes a la naturaleza salvaje. En la psicología junguiana clásica, algunos podrían denominar este tándem el eje del ego-yo. En el argot de los cuentos de hadas el cuchillo es, entre otras cosas, una herramienta visionaria destinada a cortar la oscuridad y ver las cosas ocultas. Las herramientas para encender el fuego representan la capacidad de crear el propio alimento, de transformar la propia vida en una vida nueva, de repeler el negativismo inútil. Se pueden considerar la representación de un impulso innato que refuerza los materiales básicos de la psique. Tradicionalmente, los fetiches y talismanes ayudan a la heroína y al héroe de los cuentos de hadas a recordar la cercanía de las fuerzas del mundo espiritual.

Para una mujer moderna, el ulu, es decir, el cuchillo, simboliza la perspicacia, la disposición y la capacidad de alejarse de lo superfluo, de imponerse unos objetivos claros y de labrarse unos nuevos principios. La capacidad de encender el fuego representa su capacidad de levantarse después de un fracaso, de crear pasión en su propio nombre y de quemar algo hasta dejarlo reducido a cenizas en caso necesario. Las piedras labradas encarnan el recuerdo de su propia conciencia salvaje y su unión con la vida instintiva natural.

LA PRACTICA DE LA SOLEDAD DELIBERADA.

Para poder conversar con lo femenino salvaje una mujer tiene que abandonar transitoriamente el mundo y sumirse en un estado de soledad en el sentido mas antiguo de la palabra. Hace tiempo, el adjetivo ingles alone (solo), equivalía a dos palabras: all one, es decir, <<todo uno>>. Ser todo uno significaba ser una unidad total, una unicidad, tanto con carácter esencial como transitorio. Éste es precisamente el objetivo de la soledad, ser totalmente uno mismo. Es la mejor cura para el estado de extremo cansancio tan habitual en las mujeres modernas, el que las induce a <<saltar a la grupa de su caballo y lanzarse al galope en todas direcciones>>.

La soledad no es ausencia de energía o acción tal como algunos creen, sino una abundancia de provisiones salvajes que el alma nos transmite. En tiempos antiguos, tal como sabemos a través de los escritos médicos-sanadores religiosos y místicos, la soledad deliberada era no sólo paliativa sino también preventiva. Se utilizaba para curar la fatiga y prevenir el cansancio. También se usaba como oráculo, como medio para escuchar el yo interior y pedirle unos consejos y una guía imposibles de escuchar en medio del estruendo de la vida cotidiana.

Las mujeres de la antigüedad y las modernas aborígenes solían crear un lugar sagrado para esta clase de comunión y búsqueda. Dicen que tradicionalmente se establecía durante el periodo menstrual de las mujeres, pues en estos días una mujer vive mucho mas cerca de su propio conocimiento que de costumbre; el espesor de la membrana que separa la mente inconsciente de la consciente se reduce considerablemente. Los sentimientos, los recuerdos, las sensaciones que normalmente están bloqueados penetran en la conciencia sin ninguna dificultad. Si una mujer se adentra en la soledad en este periodo, tiene mas material para examinar.

No obstante, en mis intercambios con las mujeres de las tribus del Norte, Centro y Sudamérica así como con las de algunas tribus eslavas, descubro que los <<lugares femeninos>> se utilizaban en cualquier momento y no sólo durante la menstruación; más aún, cada mujer disponía de su propio <<lugar femenino>>, el cual consistía a menudo en un determinado árbol o punto de la orilla del río o en algún espacio del bosque o un desierto natural o una gruta marina.

Mi experiencia en el análisis de las mujeres me lleva a pensar que buena parte de los trastornos premenstruales de las mujeres modernas no es sólo un síndrome físico sino también una consecuencia de su necesidad insatisfecha de dedicar el tiempo suficiente a revitalizarse y renovarse.

Siempre me río cuando alguien menciona a los primeros antropólogos, según los cuales en muchas tribus las mujeres que menstruaban se consideraban <<impuras>> y eran obligadas a alejarse del poblado hasta que <<terminaban>>. Todas las mujeres saben que, aunque hubiera un forzoso exilio ritual de este tipo, cada una de ellas sin excepción, al llegar este momento, abandonaba la aldea con la cabeza tristemente inclinada, por lo menos hasta que se perdía de vista, y después rompía repentinamente a bailar y se pasaba el resto del camino muerta de risa.

¿Cómo se evoca el alma? Hay muchas maneras: por medio de la meditación o con los ritmos de la carrera, el tambor, el canto, la escritura, la composición musical, las visiones hermosas, la plegaria, la contemplación, el rito y los rituales, el silencio e incluso los estados de animo y las ideas que nos fascinan. Todas estas cosas son llamadas psíquicas que hacen salir el alma de su morada.

En realidad, lo que hace falta para alcanzar una soledad deliberada es la capacidad para desconectarse de las distracciones. Una mujer puede aprender a aislarse de otras personas, ruidos y conversaciones, aunque se encuentre en medio de las discusiones de un consejo de administración, aunque la persiga la idea de que tiene que limpiar una casa que esta patas arriba, aunque esté rodeada de ochenta locuaces parientes que se pasan tres días peleándose, cantando y bailando en un velatorio. Cualquier persona que conozca lo que es la adolescencia sabe muy bien cómo desconectar. Si ha sido usted madre de un niño insomne de dos años sabe muy bien cómo alcanzar la soledad deliberada. No es difícil de hacer. Lo que cuesta es acordarse de hacerlo.

El siete se considera a menudo un numero femenino, un numero místico que representa la división del ciclo lunar en 4 fases equivalentes al ciclo menstrual. El cuarto creciente, la luna llena, el cuarto menguante y la luna nueva. En las antiguas tradiciones étnicas femeninas, en la fase de la luna llena se tenia que analizar la propia situación: el estado de las amistades, de la vida hogareña, del compañero y de los hijos. Nosotras también podemos hacerlo durante nuestra fase de soledad, pues es entonces cuando reunimos todos los aspectos del yo en un momento determinado, los sondeamos y les preguntamos, para descubrir qué desean ellos/nosotros/el alma en aquel momento y, a ser posible, buscarlo. De esta manera tanteamos nuestra situación presente. Hay muchos aspectos de nuestra vida que tenemos que evaluar con carácter continuado: el hábitat, el trabajo, la vida creativa, la familia, la pareja, los hijos, el padre/la madre, la sexualidad, la vida espiritual, etc.

LA ECOLOGIA INNATA DE LAS MUJERES.

En el cuento se dice que muchos tratan de cazar el alma para capturarla y matarla, pero ningún cazador puede hacerlo. Es una referencia más de los cuentos de hadas al carácter indestructible del alma salvaje. Aunque hayamos trabajado, mantenido relaciones sexuales, descansado o jugado fuera del ciclo, nuestro comportamiento no mata a la Mujer Salvaje, sólo sirve para agotarnos, pero el lado positivo es que podemos hacer las necesarias correcciones y regresar de nuevo a nuestros ciclos naturales. Por medio del amor y el cuidado de nuestras estaciones naturales evitamos que nuestra vida se deje arrastrar por el ritmo, la danza, el hambre de otra persona. Por medio de la ratificación de nuestros ciclos claramente diferenciados del sexo, la creación, el descanso, el juego, el trabajo, aprendemos de nuevo a definir y distinguir nuestros sentidos y nuestras estaciones salvajes.

Sabemos que no podemos vivir una vida confiscada. Sabemos que hay un momento en que las cosas de los hombres y de la gente y las cosas del mundo se tienen que abandonar durante algún tiempo. Hemos aprendido que somos como anfibios: podemos vivir en la tierra, pero no siempre y no sin efectuar viajes al agua y a nuestro hogar. Las culturas excesivamente civilizadas y excesivamente opresivas tratan de impedir que la mujer regrese a casa. Con demasiada frecuencia se la disuade de que se acerque al agua hasta que se queda en los puros huesos y más pálida que la cera.

Ninguno de estos medios de regresar a casa depende de la situación económica, la posición social, la educación o la movilidad física. Aunque sólo veamos una hoja de hierba, aunque solo podamos contemplar veinticinco centímetros cuadrados de cielo, aunque solo asome una escuálida brizna de mala hierva a través de una grieta de la acera, podemos ver nuestros ciclos de la naturaleza y con la naturaleza. Todas podemos alejarnos a nado en el mar. Todas podemos entrar en contacto con la foca de la roca. Todas las mujeres tienen que vivir esta unión: las madres con los hijos, las mujeres con sus enamorados, las solteras, las mujeres que trabajan, las que están deprimidas, las que ocupan lugares destacados en el mundo, las introvertidas, las extrovertidas, las que tienen responsabilidades de tamaño industrial.

Jung dijo: <<seria mucho más fácil reconocer nuestra pobreza espiritual... Cuando el espíritu pesa, se dirige hacia el agua... Por consiguiente, el camino del alma... conduce al agua.>>

Continuación:

Capitulo 10:
El agua clara: El alimento de la vida creativa.

© 1992 / 1995 por Clarissa Pinkola Estés, Ph.D.

Capitulo 9: La vuelta a casa: el regreso a si misma.
(Mensaje pendiente - El lobo Víctor Hugo)
Por: lobo - 01 Jun 2005
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