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Capitulo 12

Bajo la tutela de la Mujer Salvaje recuperamos lo antiguo, lo intuitivo y lo apasionado. Cuando nuestras vidas son un reflejo de la suya, nuestra conducta es coherente. Terminamos las cosas o aprendemos a hacerlo en caso de que todavía no sepamos cómo. Damos los pasos necesarios para manifestar nuestras ideas al mundo. Recuperamos la concentración cuando la perdemos, cuidamos los ritmos personales, nos acercamos más a los amigos y los compañeros que están de acuerdo con los ritmos salvajes e integrales. Elegimos relaciones que alimentan nuestra vida creativa e instintiva. Nos inclinamos para alimentar a los demás. Y estamos dispuestas, en caso necesario, a enseñar a nuestras parejas receptivas lo que son los ritmos salvajes.

Pero este arte tiene otra faceta que consiste en saber afrontar algo que sólo puede llamarse la cólera femenina. Es necesario liberar esta furia. En cuanto las mujeres recuerden los orígenes de su cólera, piensan que jamás podrán dejar de rechinar los dientes. Pero, paradójicamente, también experimentamos el vehemente deseo de dispersar nuestra cólera y acabar con ella. Es como un pequeño desecho tóxico; está ahí, nadie lo quiere, pero apenas hay lugares donde eliminarlo. Tenemos que desplazarnos muy lejos para encontrar un cementerio.

LAS ENSEÑANZAS DE LA COLERA.

A principios del siglo VI vivió en Japón un gran príncipe-filósofo llamado Shotoku Taishi. Entre otras cosas enseñaba que hay que hacer trabajo psíquico tanto en el mundo interior como en el exterior. Pero, por encima de todo, enseñaba la tolerancia para todos los seres humanos, todas las criaturas y todas las emociones.

Hasta las confusas emociones primarias se pueden entender como una forma de luz que crepita y rebosa energía. Podemos utilizar la luz de la cólera de una forma positiva para distinguir ciertas cosas que habitualmente no podemos ver. Un empleo negativo de la cólera se concentra de manera destructiva en un minúsculo lugar hasta que, como el ácido que provoca una ulcera, abre un negro agujero a través de las delicadas capas de la psique.

Pero hay otra manera. Cualquier emoción, incluso la cólera, lleva aparejados el conocimiento y la perspicacia, algo que algunos llaman esclarecimiento. Nuestra furia puede convertirse durante algún tiempo en una maestra, es decir, en algo de lo que no nos convenga prescindir precipitadamente, algo por lo que merezca la pena ascender la montaña y que, a través de distintas imágenes, se convierta en un símbolo del que podamos aprender y con el que podamos tratar interiormente para luego transformarlo en algo útil en el mundo o, en su defecto, abandonarlo y dejar que se disipe.

Aunque algunas personas afirman poder crear a partir de su cólera crónica, el problema es que la cólera limita el acceso al inconsciente colectivo, de tal forma que una persona que crea a partir de la cólera tiende a crear lo mismo una y otra vez y no consigue ofrecer ninguna novedad. La cólera no transformada puede convertirse en un mantra constante en torno al tema de nuestra opresión, nuestro sufrimiento y nuestra tortura.

La cólera corroe nuestra certeza de que algo bueno puede ocurrir. Algo le ha ocurrido a la esperanza. Detrás de la perdida de esperanza se encuentra la cólera; detrás de la cólera, el dolor, detrás del dolor, habitualmente la tortura de la clase que sea, a veces reciente pero más a menudo muy antigua.

A muchas personas no se los curaron por ignorancia o negligencia. Ahora la persona regresa de la guerra por así decirlo pero es como si todavía estuviera en la guerra, mental y físicamente. Sin embargo, alimentando la cólera –es decir, la perjudicial precipitación del trauma— en lugar de intentar resolverla, buscar su causa y averiguar qué podemos hacer al respecto, nos encerramos para el resto de nuestra vida en una habitación llena a rebosar de cólera. Y así no se puede vivir ni permanente ni intermitentemente. Hay otra vida más allá de la furia insensata. Es necesaria una practica consciente para poder contenerla y curarla. Pero se puede hacer. Basta subir los peldaños de uno en uno.

LA INTERVENCION DE LA CURANDERA: EL ASCENSO A LA MONTAÑA.

Por consiguiente, en lugar de intentar <<portarnos bien>> y no sentir cólera o, en lugar de utilizarla para quemar todas las cosas vivas a cien kilómetros a la redonda, es mejor pedirle primero a la cólera que se siente con nosotras a tomar un té y charlar un rato para que, de esta manera, podamos descubrir cual fue su origen.

La curandera es siempre la <<que ve a lo lejos>>. Es la que nos puede decir qué beneficio obtendremos de la exploración de esa oleada emotiva.

Las curanderas de los cuentos de hadas suelen simbolizar una parte serena e imperturbable de la psique. Aunque por fuera el mundo se caiga a pedazos, la curandera interior se mantiene inalterada y conserva la calma necesaria para poder establecer la mejor manera de seguir adelante. Todas las mujeres tienen en su psique a esta <<mediadora>>. Forma parte de la psique salvaje y natural y tiene carácter innato. Si hemos perdido la pista de su paradero, la podemos recuperar examinando con calma la causa que provoca nuestra furia, proyectándonos hacia el futuro y, desde esa posición estratégica, estableciendo qué nos haría sentir orgullosas de nuestra conducta pasada para actuar de la misma manera.

Tenemos que utilizar la cólera como fuerza creativa. Tenemos que utilizarla para cambiar, desarrollar y proteger. Por consiguiente, tanto si una mujer está abordando la exasperación del momento con un arrebato como si lo hace con alguna forma de prolongada y dolorosa quemadura, la perspectiva de la curandera es la misma: cuando hay serenidad puede haber aprendizaje y soluciones creativas; en cambio, si hay un violento incendio por dentro y por fuera, éste lo quema todo y no deja más que cenizas. Tenemos que poder contemplar nuestras acciones pasadas con honor. Tenemos que buscar la utilidad de nuestro enojo.

Aunque es cierto que a veces necesitamos desahogar nuestra furia antes de poder pasar a una serenidad aleccionadora, debemos hacerlo con cierto comedimiento. De lo contrario, sería algo así como arrojar una cerilla encendida a un charco de gasolina. La curandera dice que sí, que la cólera se puede cambiar, pero hace falta algo perteneciente a otro mundo, algo perteneciente al mundo instintivo, el mundo en el que los animales todavía hablan y el espíritu vive, algo perteneciente a la imaginación humana.

En el budismo se practica una acción de búsqueda llamada nyübu, que significa ir a las montañas para comprendernos a nosotros mismos y restablecer nuestra conexión con lo Grande. Es un ritual muy antiguo relacionado con los ciclos de preparación de la tierra, la siembra y la cosecha. Aunque podría ser beneficioso subir a unas montañas de verdad, también hay montañas en el mundo subterráneo, en el propio inconsciente, y, afortunadamente todos llevamos en el mismo interior de la psique la entrada que conduce al mundo subterráneo y nos permite subir a las montañas y buscar diligentemente nuestra renovación.

El aprendizaje es distinto en cada persona. Pero el punto de vista instintivo que emana del inconsciente salvaje, cuyo carácter es cíclico, empieza a ser el único que comprende el significado y da sentido a la vida, a nuestra vida. Y nos indica infaliblemente lo que tenemos que hacer a continuación. ¿Dónde podemos encontrar este proceso que nos hará libres? En la montaña.

El budismo dice que hay siete velos de ilusión. A medida que se va librando de ellos la persona comprende progresivamente los distintos aspectos de la naturaleza de la vida y del yo. El levantamiento de los velos hace que la persona sea lo bastante fuerte para soportar lo que es la vida y comprender las pautas de los acontecimientos, de las personas y de las cosas; y finalmente, para aprender a no tomarse tan en serio la primera impresión y a mirar detrás y más allá de ella. En el budismo el levantamiento de los velos es necesario para la iluminación.

Nosotras también tenemos muchas ilusiones acerca de la vida. <<Es guapa y, por consiguiente, es deseable>> puede ser una ilusión. <<Soy buena y, por consiguiente, seré aceptable>> puede ser también una ilusión. Cuando buscamos nuestra verdad también tratamos de disipar nuestras ilusiones. Cuando conseguimos ver a través de esas ilusiones que en el budismo se denominan como <<barreras a la iluminación>>, podemos descubrir la faceta oculta de la cólera.

La curación de la cólera es un viaje muy arduo, pues consiste en despojarse de las ilusiones, aceptar las enseñanzas de la furia, pedir la ayuda de la psique instintiva y ayudar a los muertos a encontrar el descanso.

EL OSO ESPIRITUAL.

¿Por qué razón el símbolo del oso, en contraposición al del zorro, el tejón o el quetzal, nos enseña a enfrentarnos con el yo enfurecido? Para los antiguos el oso era el símbolo de la resurrección. Esta criatura se pasa mucho tiempo durmiendo y los latidos de su corazón se reducen casi a cero. El macho suele fecundar a la hembra cuando esta a punto de iniciarse la hibernación, pero, de una manera prodigiosa, el óvulo y el esperma no se unen de inmediato. Flotan por separado en el liquido uterino y la unión no se produce hasta mucho más tarde. Hacia el final de la hibernación, el óvulo y el esperma se unen y se inicia la división celular de tal manera que los oseznos nacen en primavera cuando la madre empieza a despertar de la hibernación justo a tiempo para cuidar y enseñar a sus crías. No sólo por que sale de la hibernación cual si lo hiciera de la muerte, sino más todavía por el hecho de que la osa despierta con sus nuevas crías, este animal constituye una profunda metáfora de nuestra vida, del regreso y el desarrollo de algo que parecía estar muerto.

El oso está asociado con muchas cazadoras: Artemiza y Diana en Grecia y Roma; Muerte y Hecoteptl, las divinidades del barro de las culturas de América Latina. Estas diosas otorgaban a las mujeres el poder de rastrear, conocer y <<excavar>> los aspectos psíquicos de todas las cosas. Para los japoneses el oso es el símbolo de la lealtad, la sabiduría y la fuerza. En el norte de Japón donde vive la tribu Ainu, el oso es el que puede hablar directamente con Dios y transmitir sus mensajes a los seres humanos. El oso de la luna creciente se considera un ser sagrado, que recibió la blanca marca de su garganta de manos de la diosa budista Kwan-Yin, cuyo emblema es una luna creciente. Kwan-Yin es la diosa de la Profunda Compasión y el oso es su emisario.

En la psique el oso se puede interpretar como la capacidad de regular la propia vida, especialmente la vida emocional. El poder del oso reside en su capacidad de moverse en ciclos, de estar plenamente alerta o de descansar en un sueño de hibernación que renueva la energía con vistas al ciclo siguiente. La imagen del oso nos enseña que es posible mantener una especie de válvula de regulación de la propia vida emocional y, sobre todo, que una persona puede ser violenta y generosa al mismo tiempo. Una persona puede ser reservada y poseer un considerable valor. Otra puede defender si propio territorio, delimitar claramente sus fronteras, remover el cielo en caso necesario y, sin embargo, estar disponible, ser accesible y engendrarlo todo al mismo tiempo.

EL FUEGO TRANSFORMADOR Y LA ACCION ADECUADA.

Resulta muy tranquilizador saber que, por más que la devore la cólera, una persona sabe exactamente y con toda la habilidad de un experto lo que tiene que hacer al respecto: esperar, liberarse de las ilusiones, subir a la montaña, hablar con ella, y respetarla como a una maestra.

Una mujer recuerda que puede ser violenta y generosa a la vez. La cólera no es como un calculo renal que, si uno tiene paciencia para esperar, se elimina. De ninguna manera. Hay que emprender una acción inmediata. Entonces se eliminara y habrá más creación en la vida de la mujer.

LA JUSTA COLERA.

El hecho de ofrecer la otra mejilla, es decir, de guardar silencio en presencia de la injusticia o de los malos tratos, se tiene que sopesar cuidadosamente. Una cosa es utilizar la resistencia pasiva como herramienta política tal como Gandhi enseñó a hacer a las masas, y otra muy distinta que se anime u obligue a las mujeres a guardar silencio para poder sobrevivir a una situación insoportable de corrupción o de injusto poder en la familia, la comunidad o el mundo. Las mujeres sufren la amputación de la naturaleza salvaje y su silencio no obedece a la serenidad sino que es una enorme defensa para evitar unos daños. Se equivocan quienes piensan que el hecho de que una mujer guarde silencio significa siempre que ésta aprueba la vida tal como es.

Hay veces que resulta absolutamente necesario dar rienda suelta a una cólera capaz de sacudir el cielo. Hay un momento –aunque tales ocasiones no abunden demasiado, siempre hay un momento— en que una tiene que soltar toda la artillería que lleva dentro. y debe de hacerlo en respuesta a una grave ofensa muy grande contra el alma o el espíritu.

Muchas mujeres son tan sensibles como la arena a la ola, los arboles a la cualidad del aire, la loba a la presencia de otra criatura en su territorio a más de un kilometro de distancia. El espléndido don de estas mujeres es el de ver, oír, sentir, recibir y transmitir imágenes, ideas y sentimientos con la celeridad de un rayo. Casi todas las mujeres pueden percibir el más mínimo cambio de humor de otra persona, pueden leer rostros y cuerpos –con eso que llama intuición— y, por medio de un sinfín de minúsculas claves que se unen para facilitarle información, adivinar lo que encierran las mentes. Para utilizar estos dones salvajes, las mujeres tienen que permanecer abiertas a todo. Sin embargo, esta misma apertura hace que sus limites sean vulnerables y las deja expuestas a las lesiones del espíritu.

Una mujer puede llevar dentro un tipo de furia desencadenada que la induzca a atormentar constantemente a los demás o a utilizar la frialdad a modo de anestesia o pronunciar dulces palabras que es el fondo pretenden castigar o humillar a los demás. Puede imponer su propia voluntad a los que dependen de ella o puede amenazarlos con el término de la relación o la retirada del afecto. Puede abstenerse de hacer una alabanza o de reconocer el mérito de alguien y comportarse en general como si tuviera los instintos heridos. Está demostrado que la psique de la persona que trata a los demás de esta manera se encuentra bajo los efectos de un fuerte ataque de un demonio que le está haciendo exactamente lo mismo a ella.

Por regla general, los lobos evitan los enfrentamientos, pero, cuando tienen que defender su territorio o cuando algo o alguien los acosa o los acorrala sin cesar, estallan con la impresionante fuerza que les es propia. Ocurre muy raras veces, pero la capacidad de expresar su cólera figura en su repertorio y también tendría que figurar en el nuestro.

En su psique instintiva la mujer tiene la capacidad de enfurecerse en grado considerable cuando se la provoca y no cabe duda de que eso es un poder. La cólera es uno de los medios innatos que ella posee para desarrollar una actividad creativa y poder conservar los equilibrios que más aprecia, todo aquello que ama verdaderamente. No sólo es un derecho sino que, en determinados momentos y en ciertas circunstancias, constituye para ella un deber moral.

LOS DESCANSOS.

Hemos visto por tanto que nuestro propósito es convertir la rabia en un fuego que cocina cosas y no en el fuego de una conflagración. Hemos visto también que la tarea de la cólera no se puede completar sin el ritual del perdón. Hemos dicho que la cólera de las mujeres deriva a menudo de la situación de su familia originaria, de la cultura que la rodea y, a veces, de un trauma sufrido en la edad adulta. Sin embargo, cualquiera que sea la fuente de la cólera, algo tiene que ocurrir para que la mujer la identifique, la bendiga, la reprima y la libere.

Las mujeres torturadas desarrollan a menudo una deslumbradora capacidad de percepción de una profundidad y anchura impresionantes. Aunque yo no quisiera que nadie fuera torturado para poder aprender las entradas y salidas secretas del inconsciente, no cabe duda de que el hecho de haber sufrido una fuerte represión da lugar a la aparición de unas dotes que consuelan y protegen.

En este sentido, una mujer que ha vivido una existencia torturada y ha ahondado exhaustivamente en ella adquiere una inestimable profundidad. Aunque llegue a ella a través del dolor, si cumple la dura tarea de aferrarse a la conciencia, llegara a alcanzar una honda y floreciente vida espiritual y una ardiente confianza en sí misma cualesquiera que sean las vacilaciones ocasionales del ego.

Un cuerpo que ha vivido mucho tiempo acumula escombros. Es algo inevitable. Pero si una mujer regresa a la naturaleza instintiva en lugar de hundirse en la amargura, revivirá y renacerá. Cada año nacen lobeznos. Suelen ser unas criaturitas de ojos adormilados con el oscuro pelaje cubierto de tierra y paja que no paran de gimotear, pero que inmediatamente espabilan y se muestran juguetonas y encantadoras y sólo quieren estar cerca y recibir mimos. Quieren jugar, quieren crecer. La mujer que regresa a la naturaleza instintiva y creativa volverá a la vida. Sentirá deseos de jugar. Seguirá queriendo crecer tanto en profundidad como en anchura. Pero primero ha de tener lugar una purificación.

Los descansos son símbolos que conmemoran una muerte. Allí mismo, justo en aquel lugar, el viaje de alguien por la vida se interrumpió inesperadamente. Hubo un accidente de trafico o alguien que caminaba por el camino murió de insolación o se produjo una reyerta. Ocurrió algo que altero para siempre la vida de aquella persona y de otros. Y es muy común ver en las carreteras este tipo de descansos, donde alguien murió de manera inesperada, y se pueden ver las cruces a lo lejos y que están agrupadas en dos tres o hasta cinco, con el nombre de la persona que ahí descansa y hechas de madera o de metal, a veces con solo dos palos atados con un pedazo de cuerda y clavados en el suelo, a veces en lugares mas escarpados, la cruz suele estar pintada en una roca de grandes dimensiones al lado del camino. Lugares de descanso que también tienen sus ofrendas, imágenes, con flores naturales o artificiales.

A continuación, la invito a hacer descansos, a sentarse con el itinerario de su vida y a preguntarse <<¿Dónde están las cruces? ¿Dónde están los lugares que hay que recordar, los hay que bendecir?>>. Todos ellos tienen unos significados que se han incorporado a su vida actual. Hay que recordarlos, pero hay que olvidarlos al mismo tiempo. Para eso hace falta tiempo. Y paciencia.

Debemos ser amables con nosotras mismas y dar descanso a los aspectos de nuestra persona que se dirigían a algún lugar pero jamas llegaron a él. Los descansos marcan el lugar de la muerte, los momentos oscuros, pero son también billetes amorosos para el propio sufrimiento. Son transformativos. Nunca insistiré demasiado en la conveniencia de clavar las cosas en la tierra para que no nos sigan dondequiera que vayamos. Nunca insistiré demasiado en la conveniencia de enterrarlas.

EL INSTINTO Y COLERA HERIDOS.

Las mujeres (y los hombres) tienden a dar por terminados los acontecimientos pasados diciendo <<Yo/él/ella/ellos hicieron todo lo que pudieron>>. Pero el hecho de decir <<hicieron lo que pudieron>> no equivale a perdonar. Aunque fuera cierta, esta perentoria afirmación excluye la posibilidad de sanar. Es algo así como aplicar un torniquete por encima de una profunda herida. Dejar el torniquete más allá de un determinado periodo de tiempo provoca gangrena por falta de circulación. El hecho de reprimir la cólera y el dolor no sirve de nada.

Tal comportamiento no suele deberse a la timidez o a la introversión sino a una excesiva consideración hacia los demás, a un exagerado esfuerzo por ser amable en perjuicio propio y a una insuficiente actuación dictada por el alma. El alma salvaje sabe cuándo y cómo actuar, hasta que la mujer la escuche. La reacción adecuada se compone de perspicacia y de una adecuada cantidad de compasión y fuerza debidamente mezcladas. El instinto herido ha de curarse practicando la imposición de unos sólidos limites y practicando el ofrecimiento de unas firmes y, a ser posible, generosas respuestas que no cedan, sin embargo, a la tentación de la debilidad.

Una mujer puede tener dificultades en dar rienda suelta a su cólera incluso si esa supresión resulta perjudicial para su vida, incluso en el caso de que ello la obligue a revivir obsesivamente unos acontecimientos de años atrás con la misma fuerza que si hubieran ocurrido la víspera. Insistir en hablar de un trauma y hacerlo con gran intensidad a lo largo de un determinado periodo de tiempo es muy importante para la curación. Pero, al final, todas las heridas se tienen que suturar y debe dejarse que se conviertan en tejido cicatrical.

LA COLERA COLECTIVA.

La cólera o rabia colectiva es también una función natural. Existe el fenómeno de la lesión de grupo, el dolor de grupo. Las mujeres que adquieren consciencia social, política o cultural descubren a menudo la necesidad de enfrentarse con la cólera colectiva que una y otra vez les recorre el cuerpo.

Desde un punto de vista psíquico es saludable que las mujeres experimenten semejante cólera. Y es psíquicamente saludable que utilicen esta cólera derivada de la injusticia para buscar los medios capaces de producir el cambio necesario. Pero no es psicológicamente saludable neutralizar la cólera con el fin de no sentir nada y, por consiguiente, no exigir la evolución y el cambio. Tal como ocurre con la cólera de carácter personal, la cólera colectiva es también una maestra. Las mujeres pueden consultarla, hacerle preguntas en solitario o en compañía de otras mujeres y obrar en consecuencia. Existe una diferencia entre el hecho de llevar dentro una antigua cólera incrustada y el de agitarla con un nuevo bastón para ver a qué usos constructivos se puede aplicar.

La cólera constructiva se puede utilizar con provecho como motivación para la búsqueda o el ofrecimiento de apoyo, para la búsqueda de medios que induzcan a los grupos y a los individuos al dialogo o para exigir responsabilidades, progreso y mejoras. Éstos son los procesos que las mujeres que adquieren conciencia han de seguir en las pautas de comportamiento. El hecho de experimentar unas profundas reacciones ante la falta de respeto, las amenazas y las lesiones forma parte de una sana psique instintiva. La reacción vehemente es una parte lógica y natural del aprendizaje acerca de los mundos colectivos del alma y la psique.

LA PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA COLERA.

En caso de que la cólera vuelva a convertirse en un obstáculo para el pensamiento y la acción creativa, conviene suavizarla o modificarla. En las mujeres que se han pasado un considerable periodo de tiempo superando un trauma, tanto si éste se debió a la crueldad, el olvido, la falta de respeto, la temeridad, la arrogancia o la ignorancia de alguien como si se debió simplemente al destino, llega un momento en que hay que perdonar para que la psique pueda liberarse y recuperar su estado normal de paz y serenidad.

Cuando una mujer tiene dificultades para dar rienda suelta a la cólera o la rabia, ello suele deberse a que utiliza la cólera para fortalecerse. Y, si bien tal cosa pudo haber sido oportuna al principio, más tarde la mujer tiene que andarse con cuidado, pues una cólera permanente es un fuego que acaba quemando su energía primaria. La persistencia en dicho estado es algo así como pasar vertiginosamente por la vida y tratar de vivir una existencia equilibrada pisando el acelerador hasta el fondo.

Al cabo de algún tiempo, la cólera arde hasta alcanzar unas temperaturas extremadamente altas, contamina nuestras ideas con su negro humo y obstruye otras maneras de ver y comprender.

Aunque una profunda purificación elimina buena parte del antiguo dolor y la antigua cólera, el residuo jamas se puede borrar por completo. Tiene que dejar unas ligeras cenizas, no un fuego devorador. Por consiguiente, la limpieza de la cólera residual debe convertirse en un ritual higiénico periódico que nos libere, pues el hecho de llevar la antigua cólera más allá del extremo hasta el que nos podía ser útil equivale a experimentar una constante ansiedad, por más que nosotras no seamos conscientes de ella.

Pero hay un medio de salir de esta situación y este medio es el perdón.

<<Ah, ¿el perdón?>>, dices. Cualquier cosa menos el perdón, ¿verdad? Sin embargo, tú sabes en lo más hondo de tu corazón que algún día, en algún momento, llegarás a ello. Puede que no ocurra hasta el momento de la muerte, pero ocurrirá. Piensa en lo siguiente: muchas personas tienen dificultades para conceder el perdón por que les han enseñado que se trata de un acto singular que hay que completar en una sola sesión. Pero no es así. El perdón tiene muchas capas y muchas estaciones. En nuestra cultura se tiene la idea de que el perdón ha de ser al ciento por ciento. O todo o nada. También se nos enseña que perdonar significa pasar por alto, comportarse como si algo no hubiera ocurrido. Tampoco es eso.

Lo más importante del perdón es empezar y continuar. El cumplimiento es una tarea de toda la vida. Tienes todo el resto de la vida para seguir trabajando en el porcentaje menor. Está claro que, si pudiéramos comprenderlo todo, todo se podría perdonar. Pero la mayoría de la gente necesita permanecer mucho tiempo en el baño alquímico para llegar a eso. No importa, contamos con la sanadora y, por consiguiente, tenemos la paciencia necesaria para cumplir la tarea.

La vieja curandera de la psique comprende la naturaleza humana con todas sus debilidades y otorga el perdón siempre y cuando se le diga la pura verdad. Y no sólo concede una segunda oportunidad sino que muy a menudo concede varias oportunidades.

LAS CUATRO FASES DEL PERDON.

  1. Apartarse – Dejar de correr
  2. Tolerar – Abstenerse de castigar
  3. Olvidar – Arrancar del recuerdo, no pensar
  4. Perdonar – Dar por pagada la deuda

APARTARSE

Para poder empezar a perdonar, es bueno apartarse durante algún tiempo, es decir, dejar de pensar algún tiempo en aquella persona o acontecimiento. Eso no significa dejar algo por hacer sino más bien tomarse unas vacaciones. Eso evita que nos agotemos y nos permite fortalecernos de otra manera y disfrutar de otras felicidades en nuestra vida.

Apartarse quiere decir ponerse de nuevo a tejer, a escribir, ir a aquel océano, aprender o amar algo que nos fortalezca y distanciarnos del asunto por algún tiempo. Es una actitud acertada, buena y saludable. Las lesiones del pasado acosaran mucho menos a una mujer si ésta le asegura a la psique herida que ahora le aplicará bálsamos suavizantes y más adelante abordará toda la cuestión de la causa de aquellas lesiones.

TOLERAR

La segunda fase es la de la tolerancia, entendida en el sentido de abstenerse de castigar; de no pensar ni hacer ni poco ni mucho. Eso no significa quedarse ciega o muerta y perder la vigilancia defensiva. Significa contemplar la situación con una cierta benevolencia y ver cuál es el resultado.

Tolerar quiere decir tener paciencia, soportar, canalizar la emoción. Todas estas cosas son unas poderosas medicinas. Practícalas todo lo que puedas, pues se trata de una experiencia purificadora.

Tolerar equivale a practicar la generosidad, permitiendo con ello que la gran naturaleza compasiva participe en cuestiones que previamente han provocado emociones que van desde una leve irritación a la cólera.

OLVIDAR

Olvidar significa arrancar de la memoria, negarse a pensar; en otras palabras, soltar, aflojar la presa, sobre todo de la memoria. Olvidar no significa comportarse como si el cerebro hubiera muerto. El olvido consciente equivale a soltar el acontecimiento, no insistir en que éste se mantenga en primer plano sino dejar más bien que abandone el escenario y se retire a un segundo plano.

Practicamos el olvido consciente, negándonos a evitar las cuestiones molestas, negándonos a recordar. El olvido es un esfuerzo activo, no pasivo. Significa no entremeterse con ciertas cuestiones y no darles vueltas, no irritarse con pensamientos, imágenes o emociones repetitivas. El olvido consciente significa abandonar deliberadamente las obsesiones, distanciarnos voluntariamente y perder de vista el objeto de nuestro enojo, no mirar hacia atrás y vivir en un nuevo paisaje, crear una nueva vida y unas nuevas experiencias en las que pensar, en lugar de seguir pensando en las antiguas. Esta clase de olvido no borra el recuerdo, pero entierra las emociones que lo rodeaban.

PERDONAR

Hay muchos medios y maneras de perdonar una ofensa a una persona, una comunidad o una nación. Conviene recordar que el perdón <<definitivo>> no es una rendición. Es una decisión consciente de dejar de guardar rencor, lo cual significa perdonar una deuda y abandonar la determinación de tomar represalias. Tú eres la que tiene que decidir cuándo perdonar y qué ritual se deberá utilizar para celebrar el acontecimiento. Tú decides qué deuda no se tiene que seguir pagando.

Algunas personas optan por conceder un perdón total, eximiendo al ofensor de la obligación de pagar una indemnización ahora o más adelante. Otras optan por interrumpir el proceso, desistir de cobrar la deuda en su totalidad y decir que lo hecho hecho está y lo que se ha pagado hasta ahora es suficiente. Otra forma de perdón consiste en exonerar a una persona sin que ésta haya satisfecho ningún tipo de indemnización emocional o de otra clase.

El perdón es un acto de creación. Se puede otorgar de muy variadas maneras. Se puede perdonar de momento, perdonar hasta entonces, perdonar hasta la próxima vez, perdonar pero no dar más oportunidades; el juego sería totalmente distinto si se produjera otro incidente. Se puede dar otra oportunidad, varias o muchas oportunidades o dar oportunidades con determinadas condiciones. Se puede perdonar en parte, en su totalidad o la mitad de la ofensa. Se puede otorgar un perdón general. La mujer es la que decide.

¿Cómo sabe la mujer si ha perdonado o no? En caso afirmativo, tiende a compadecerse de la circunstancia en lugar de sentir cólera, tiende a compadecerse de la persona en lugar de estar enojada con ella. Tiende a olvidar lo que tenía que decir al respecto. Comprende el sufrimiento que dio lugar a la ofensa. Prefiere permanecer al margen. No espera nada. No quiere nada. Ningún estrecho lazo alrededor de los tobillos tira de ella desde lejos para arrastrarla hacia acá. Es libre de ir a donde quiera. Puede que la cosa no termine con un <<vivieron felices y comieron perdices>>, pero a partir de ahora estará esperándola con toda certeza un nuevo <<Había una vez>>.

Continuación:

Capitulo 13
Las cicatrices de la batalla: La pertenencia al clan de la cicatriz.

© 1992 / 1995 por Clarissa Pinkola Estés, Ph.D.

Capitulo 12: La demarcacion del territorio: Los limites de la colera y el perdon.
(Mensaje pendiente - El lobo Víctor Hugo)
Por: lobo - 01 Jun 2005
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Ultima modificación: 24/Apr/2007 05:39:26 am (GMT)
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