ajo la tutela
de la Mujer Salvaje recuperamos lo antiguo,
lo intuitivo y lo apasionado. Cuando nuestras
vidas son un reflejo de la suya, nuestra
conducta es coherente. Terminamos las cosas o
aprendemos a hacerlo en caso de que todavía
no sepamos cómo. Damos los pasos necesarios
para manifestar nuestras ideas al mundo.
Recuperamos la concentración cuando la
perdemos, cuidamos los ritmos personales, nos
acercamos más a los amigos y los compañeros
que están de acuerdo con los ritmos salvajes
e integrales. Elegimos relaciones que
alimentan nuestra vida creativa e instintiva.
Nos inclinamos para alimentar a los demás. Y
estamos dispuestas, en caso necesario, a
enseñar a nuestras parejas receptivas lo que
son los ritmos salvajes.
Pero este arte
tiene otra faceta que consiste en saber
afrontar algo que sólo puede llamarse la
cólera femenina. Es necesario liberar esta
furia. En cuanto las mujeres recuerden los
orígenes de su cólera, piensan que jamás
podrán dejar de rechinar los dientes. Pero,
paradójicamente, también experimentamos el
vehemente deseo de dispersar nuestra cólera
y acabar con ella. Es como un pequeño
desecho tóxico; está ahí, nadie lo quiere,
pero apenas hay lugares donde eliminarlo.
Tenemos que desplazarnos muy lejos para
encontrar un cementerio.

LAS
ENSEÑANZAS DE LA COLERA.
principios
del siglo VI vivió en Japón un gran
príncipe-filósofo llamado Shotoku Taishi.
Entre otras cosas enseñaba que hay que hacer
trabajo psíquico tanto en el mundo interior
como en el exterior. Pero, por encima de
todo, enseñaba la tolerancia para todos los
seres humanos, todas las criaturas y todas
las emociones.
Hasta las
confusas emociones primarias se pueden
entender como una forma de luz que crepita y
rebosa energía. Podemos utilizar la luz de
la cólera de una forma positiva para
distinguir ciertas cosas que habitualmente no
podemos ver. Un empleo negativo de la cólera
se concentra de manera destructiva en un
minúsculo lugar hasta que, como el ácido
que provoca una ulcera, abre un negro agujero
a través de las delicadas capas de la
psique.
Pero hay otra
manera. Cualquier emoción, incluso la
cólera, lleva aparejados el conocimiento y
la perspicacia, algo que algunos llaman
esclarecimiento. Nuestra furia puede
convertirse durante algún tiempo en una
maestra, es decir, en algo de lo que no nos
convenga prescindir precipitadamente, algo
por lo que merezca la pena ascender la
montaña y que, a través de distintas
imágenes, se convierta en un símbolo del
que podamos aprender y con el que podamos
tratar interiormente para luego transformarlo
en algo útil en el mundo o, en su defecto,
abandonarlo y dejar que se disipe.
Aunque algunas
personas afirman poder crear a partir de su
cólera crónica, el problema es que la
cólera limita el acceso al inconsciente
colectivo, de tal forma que una persona que
crea a partir de la cólera tiende a crear lo
mismo una y otra vez y no consigue ofrecer
ninguna novedad. La cólera no transformada
puede convertirse en un mantra constante en
torno al tema de nuestra opresión, nuestro
sufrimiento y nuestra tortura.
La cólera
corroe nuestra certeza de que algo bueno
puede ocurrir. Algo le ha ocurrido a la
esperanza. Detrás de la perdida de esperanza
se encuentra la cólera; detrás de la
cólera, el dolor, detrás del dolor,
habitualmente la tortura de la clase que sea,
a veces reciente pero más a menudo muy
antigua.
A muchas
personas no se los curaron por ignorancia o
negligencia. Ahora la persona regresa de la
guerra por así decirlo pero es como si
todavía estuviera en la guerra, mental y
físicamente. Sin embargo, alimentando la
cólera es decir, la perjudicial
precipitación del trauma en lugar de
intentar resolverla, buscar su causa y
averiguar qué podemos hacer al respecto, nos
encerramos para el resto de nuestra vida en
una habitación llena a rebosar de cólera. Y
así no se puede vivir ni permanente ni
intermitentemente. Hay otra vida más allá
de la furia insensata. Es necesaria una
practica consciente para poder contenerla y
curarla. Pero se puede hacer. Basta subir los
peldaños de uno en uno.

LA
INTERVENCION DE LA CURANDERA: EL ASCENSO A LA
MONTAÑA.
or
consiguiente, en lugar de intentar
<<portarnos bien>> y no sentir
cólera o, en lugar de utilizarla para quemar
todas las cosas vivas a cien kilómetros a la
redonda, es mejor pedirle primero a la
cólera que se siente con nosotras a tomar un
té y charlar un rato para que, de esta
manera, podamos descubrir cual fue su origen.
La curandera es
siempre la <<que ve a lo lejos>>.
Es la que nos puede decir qué beneficio
obtendremos de la exploración de esa oleada
emotiva.
Las curanderas
de los cuentos de hadas suelen simbolizar una
parte serena e imperturbable de la psique.
Aunque por fuera el mundo se caiga a pedazos,
la curandera interior se mantiene inalterada
y conserva la calma necesaria para poder
establecer la mejor manera de seguir
adelante. Todas las mujeres tienen en su
psique a esta <<mediadora>>.
Forma parte de la psique salvaje y natural y
tiene carácter innato. Si hemos perdido la
pista de su paradero, la podemos recuperar
examinando con calma la causa que provoca
nuestra furia, proyectándonos hacia el
futuro y, desde esa posición estratégica,
estableciendo qué nos haría sentir
orgullosas de nuestra conducta pasada para
actuar de la misma manera.
Tenemos que
utilizar la cólera como fuerza creativa.
Tenemos que utilizarla para cambiar,
desarrollar y proteger. Por consiguiente,
tanto si una mujer está abordando la
exasperación del momento con un arrebato
como si lo hace con alguna forma de
prolongada y dolorosa quemadura, la
perspectiva de la curandera es la misma:
cuando hay serenidad puede haber aprendizaje
y soluciones creativas; en cambio, si hay un
violento incendio por dentro y por fuera,
éste lo quema todo y no deja más que
cenizas. Tenemos que poder contemplar
nuestras acciones pasadas con honor. Tenemos
que buscar la utilidad de nuestro enojo.
Aunque es
cierto que a veces necesitamos desahogar
nuestra furia antes de poder pasar a una
serenidad aleccionadora, debemos hacerlo con
cierto comedimiento. De lo contrario, sería
algo así como arrojar una cerilla encendida
a un charco de gasolina. La curandera dice
que sí, que la cólera se puede cambiar,
pero hace falta algo perteneciente a otro
mundo, algo perteneciente al mundo
instintivo, el mundo en el que los animales
todavía hablan y el espíritu vive, algo
perteneciente a la imaginación humana.
En el budismo
se practica una acción de búsqueda llamada nyübu,
que significa ir a las montañas para
comprendernos a nosotros mismos y restablecer
nuestra conexión con lo Grande. Es un ritual
muy antiguo relacionado con los ciclos de
preparación de la tierra, la siembra y la
cosecha. Aunque podría ser beneficioso subir
a unas montañas de verdad, también hay
montañas en el mundo subterráneo, en el
propio inconsciente, y, afortunadamente todos
llevamos en el mismo interior de la psique la
entrada que conduce al mundo subterráneo y
nos permite subir a las montañas y buscar
diligentemente nuestra renovación.
El aprendizaje
es distinto en cada persona. Pero el punto de
vista instintivo que emana del inconsciente
salvaje, cuyo carácter es cíclico, empieza
a ser el único que comprende el significado
y da sentido a la vida, a nuestra vida. Y nos
indica infaliblemente lo que tenemos que
hacer a continuación. ¿Dónde podemos
encontrar este proceso que nos hará libres?
En la montaña.
El budismo dice
que hay siete velos de ilusión. A medida que
se va librando de ellos la persona comprende
progresivamente los distintos aspectos de la
naturaleza de la vida y del yo. El
levantamiento de los velos hace que la
persona sea lo bastante fuerte para soportar
lo que es la vida y comprender las pautas de
los acontecimientos, de las personas y de las
cosas; y finalmente, para aprender a no
tomarse tan en serio la primera impresión y
a mirar detrás y más allá de ella. En el
budismo el levantamiento de los velos es
necesario para la iluminación.
Nosotras
también tenemos muchas ilusiones acerca de
la vida. <<Es guapa y, por
consiguiente, es deseable>> puede ser
una ilusión. <<Soy buena y, por
consiguiente, seré aceptable>> puede
ser también una ilusión. Cuando buscamos
nuestra verdad también tratamos de disipar
nuestras ilusiones. Cuando conseguimos ver a
través de esas ilusiones que en el budismo
se denominan como <<barreras a la
iluminación>>, podemos descubrir la
faceta oculta de la cólera.
La curación de
la cólera es un viaje muy arduo, pues
consiste en despojarse de las ilusiones,
aceptar las enseñanzas de la furia, pedir la
ayuda de la psique instintiva y ayudar a los
muertos a encontrar el descanso.

EL OSO
ESPIRITUAL.
¿
or qué razón
el símbolo del oso, en contraposición al
del zorro, el tejón o el quetzal, nos
enseña a enfrentarnos con el yo enfurecido?
Para los antiguos el oso era el símbolo de
la resurrección. Esta criatura se pasa mucho
tiempo durmiendo y los latidos de su corazón
se reducen casi a cero. El macho suele
fecundar a la hembra cuando esta a punto de
iniciarse la hibernación, pero, de una
manera prodigiosa, el óvulo y el esperma no
se unen de inmediato. Flotan por separado en
el liquido uterino y la unión no se produce
hasta mucho más tarde. Hacia el final de la
hibernación, el óvulo y el esperma se unen
y se inicia la división celular de tal
manera que los oseznos nacen en primavera
cuando la madre empieza a despertar de la
hibernación justo a tiempo para cuidar y
enseñar a sus crías. No sólo por que sale
de la hibernación cual si lo hiciera de la
muerte, sino más todavía por el hecho de
que la osa despierta con sus nuevas crías,
este animal constituye una profunda metáfora
de nuestra vida, del regreso y el desarrollo
de algo que parecía estar muerto.
El oso está
asociado con muchas cazadoras: Artemiza y
Diana en Grecia y Roma; Muerte y Hecoteptl,
las divinidades del barro de las culturas de
América Latina. Estas diosas otorgaban a las
mujeres el poder de rastrear, conocer y
<<excavar>> los aspectos
psíquicos de todas las cosas. Para los
japoneses el oso es el símbolo de la
lealtad, la sabiduría y la fuerza. En el
norte de Japón donde vive la tribu Ainu, el
oso es el que puede hablar directamente con
Dios y transmitir sus mensajes a los seres
humanos. El oso de la luna creciente se
considera un ser sagrado, que recibió la
blanca marca de su garganta de manos de la
diosa budista Kwan-Yin, cuyo emblema es una
luna creciente. Kwan-Yin es la diosa de la
Profunda Compasión y el oso es su emisario.
En la psique el
oso se puede interpretar como la capacidad de
regular la propia vida, especialmente la vida
emocional. El poder del oso reside en su
capacidad de moverse en ciclos, de estar
plenamente alerta o de descansar en un sueño
de hibernación que renueva la energía con
vistas al ciclo siguiente. La imagen del oso
nos enseña que es posible mantener una
especie de válvula de regulación de la
propia vida emocional y, sobre todo, que una
persona puede ser violenta y generosa al
mismo tiempo. Una persona puede ser reservada
y poseer un considerable valor. Otra puede
defender si propio territorio, delimitar
claramente sus fronteras, remover el cielo en
caso necesario y, sin embargo, estar
disponible, ser accesible y engendrarlo todo
al mismo tiempo.

EL FUEGO
TRANSFORMADOR Y LA ACCION ADECUADA.
esulta muy
tranquilizador saber que, por más que la
devore la cólera, una persona sabe
exactamente y con toda la habilidad de un
experto lo que tiene que hacer al respecto:
esperar, liberarse de las ilusiones, subir a
la montaña, hablar con ella, y respetarla
como a una maestra.
Una mujer
recuerda que puede ser violenta y generosa a
la vez. La cólera no es como un calculo
renal que, si uno tiene paciencia para
esperar, se elimina. De ninguna manera. Hay
que emprender una acción inmediata. Entonces
se eliminara y habrá más creación en la
vida de la mujer.

LA JUSTA
COLERA.
l hecho de
ofrecer la otra mejilla, es decir, de guardar
silencio en presencia de la injusticia o de
los malos tratos, se tiene que sopesar
cuidadosamente. Una cosa es utilizar la
resistencia pasiva como herramienta política
tal como Gandhi enseñó a hacer a las masas,
y otra muy distinta que se anime u obligue a
las mujeres a guardar silencio para poder
sobrevivir a una situación insoportable de
corrupción o de injusto poder en la familia,
la comunidad o el mundo. Las mujeres sufren
la amputación de la naturaleza salvaje y su
silencio no obedece a la serenidad sino que
es una enorme defensa para evitar unos
daños. Se equivocan quienes piensan que el
hecho de que una mujer guarde silencio
significa siempre que ésta aprueba la vida
tal como es.
Hay veces que
resulta absolutamente necesario dar rienda
suelta a una cólera capaz de sacudir el
cielo. Hay un momento aunque tales
ocasiones no abunden demasiado, siempre hay
un momento en que una tiene que soltar
toda la artillería que lleva dentro. y debe
de hacerlo en respuesta a una grave ofensa
muy grande contra el alma o el espíritu.
Muchas mujeres
son tan sensibles como la arena a la ola, los
arboles a la cualidad del aire, la loba a la
presencia de otra criatura en su territorio a
más de un kilometro de distancia. El
espléndido don de estas mujeres es el de
ver, oír, sentir, recibir y transmitir
imágenes, ideas y sentimientos con la
celeridad de un rayo. Casi todas las mujeres
pueden percibir el más mínimo cambio de
humor de otra persona, pueden leer rostros y
cuerpos con eso que llama
intuición y, por medio de un sinfín
de minúsculas claves que se unen para
facilitarle información, adivinar lo que
encierran las mentes. Para utilizar estos
dones salvajes, las mujeres tienen que
permanecer abiertas a todo. Sin embargo, esta
misma apertura hace que sus limites sean
vulnerables y las deja expuestas a las
lesiones del espíritu.
Una mujer puede
llevar dentro un tipo de furia desencadenada
que la induzca a atormentar constantemente a
los demás o a utilizar la frialdad a modo de
anestesia o pronunciar dulces palabras que es
el fondo pretenden castigar o humillar a los
demás. Puede imponer su propia voluntad a
los que dependen de ella o puede amenazarlos
con el término de la relación o la retirada
del afecto. Puede abstenerse de hacer una
alabanza o de reconocer el mérito de alguien
y comportarse en general como si tuviera los
instintos heridos. Está demostrado que la
psique de la persona que trata a los demás
de esta manera se encuentra bajo los efectos
de un fuerte ataque de un demonio que le
está haciendo exactamente lo mismo a ella.
Por regla
general, los lobos evitan los
enfrentamientos, pero, cuando tienen que
defender su territorio o cuando algo o
alguien los acosa o los acorrala sin cesar,
estallan con la impresionante fuerza que les
es propia. Ocurre muy raras veces, pero la
capacidad de expresar su cólera figura en su
repertorio y también tendría que figurar en
el nuestro.
En su psique
instintiva la mujer tiene la capacidad de
enfurecerse en grado considerable cuando se
la provoca y no cabe duda de que eso es un
poder. La cólera es uno de los medios
innatos que ella posee para desarrollar una
actividad creativa y poder conservar los
equilibrios que más aprecia, todo aquello
que ama verdaderamente. No sólo es un
derecho sino que, en determinados momentos y
en ciertas circunstancias, constituye para
ella un deber moral.

LOS
DESCANSOS.
emos visto por
tanto que nuestro propósito es convertir la
rabia en un fuego que cocina cosas y no en el
fuego de una conflagración. Hemos visto
también que la tarea de la cólera no se
puede completar sin el ritual del perdón.
Hemos dicho que la cólera de las mujeres
deriva a menudo de la situación de su
familia originaria, de la cultura que la
rodea y, a veces, de un trauma sufrido en la
edad adulta. Sin embargo, cualquiera que sea
la fuente de la cólera, algo tiene que
ocurrir para que la mujer la identifique, la
bendiga, la reprima y la libere.
Las mujeres
torturadas desarrollan a menudo una
deslumbradora capacidad de percepción de una
profundidad y anchura impresionantes. Aunque
yo no quisiera que nadie fuera torturado para
poder aprender las entradas y salidas
secretas del inconsciente, no cabe duda de
que el hecho de haber sufrido una fuerte
represión da lugar a la aparición de unas
dotes que consuelan y protegen.
En este
sentido, una mujer que ha vivido una
existencia torturada y ha ahondado
exhaustivamente en ella adquiere una
inestimable profundidad. Aunque llegue a ella
a través del dolor, si cumple la dura tarea
de aferrarse a la conciencia, llegara a
alcanzar una honda y floreciente vida
espiritual y una ardiente confianza en sí
misma cualesquiera que sean las vacilaciones
ocasionales del ego.
Un cuerpo que
ha vivido mucho tiempo acumula escombros. Es
algo inevitable. Pero si una mujer regresa a
la naturaleza instintiva en lugar de hundirse
en la amargura, revivirá y renacerá. Cada
año nacen lobeznos. Suelen ser unas
criaturitas de ojos adormilados con el oscuro
pelaje cubierto de tierra y paja que no paran
de gimotear, pero que inmediatamente
espabilan y se muestran juguetonas y
encantadoras y sólo quieren estar cerca y
recibir mimos. Quieren jugar, quieren crecer.
La mujer que regresa a la naturaleza
instintiva y creativa volverá a la vida.
Sentirá deseos de jugar. Seguirá queriendo
crecer tanto en profundidad como en anchura.
Pero primero ha de tener lugar una
purificación.
Los descansos
son símbolos que conmemoran una muerte.
Allí mismo, justo en aquel lugar, el viaje
de alguien por la vida se interrumpió
inesperadamente. Hubo un accidente de trafico
o alguien que caminaba por el camino murió
de insolación o se produjo una reyerta.
Ocurrió algo que altero para siempre la vida
de aquella persona y de otros. Y es muy
común ver en las carreteras este tipo de
descansos, donde alguien murió de manera
inesperada, y se pueden ver las cruces a lo
lejos y que están agrupadas en dos tres o
hasta cinco, con el nombre de la persona que
ahí descansa y hechas de madera o de metal,
a veces con solo dos palos atados con un
pedazo de cuerda y clavados en el suelo, a
veces en lugares mas escarpados, la cruz
suele estar pintada en una roca de grandes
dimensiones al lado del camino. Lugares de
descanso que también tienen sus ofrendas,
imágenes, con flores naturales o
artificiales.
A
continuación, la invito a hacer descansos,
a sentarse con el itinerario de su vida y a
preguntarse <<¿Dónde están las
cruces? ¿Dónde están los lugares que hay
que recordar, los hay que bendecir?>>.
Todos ellos tienen unos significados que se
han incorporado a su vida actual. Hay que
recordarlos, pero hay que olvidarlos al mismo
tiempo. Para eso hace falta tiempo. Y
paciencia.
Debemos ser
amables con nosotras mismas y dar descanso
a los aspectos de nuestra persona que se
dirigían a algún lugar pero jamas llegaron
a él. Los descansos marcan el lugar
de la muerte, los momentos oscuros, pero son
también billetes amorosos para el propio
sufrimiento. Son transformativos. Nunca
insistiré demasiado en la conveniencia de
clavar las cosas en la tierra para que no nos
sigan dondequiera que vayamos. Nunca
insistiré demasiado en la conveniencia de
enterrarlas.

EL
INSTINTO Y COLERA HERIDOS.
as mujeres (y
los hombres) tienden a dar por terminados los
acontecimientos pasados diciendo
<<Yo/él/ella/ellos hicieron todo lo
que pudieron>>. Pero el hecho de decir
<<hicieron lo que pudieron>> no
equivale a perdonar. Aunque fuera cierta,
esta perentoria afirmación excluye la
posibilidad de sanar. Es algo así como
aplicar un torniquete por encima de una
profunda herida. Dejar el torniquete más
allá de un determinado periodo de tiempo
provoca gangrena por falta de circulación.
El hecho de reprimir la cólera y el dolor no
sirve de nada.
Tal
comportamiento no suele deberse a la timidez
o a la introversión sino a una excesiva
consideración hacia los demás, a un
exagerado esfuerzo por ser amable en
perjuicio propio y a una insuficiente
actuación dictada por el alma. El alma
salvaje sabe cuándo y cómo actuar, hasta
que la mujer la escuche. La reacción
adecuada se compone de perspicacia y de una
adecuada cantidad de compasión y fuerza
debidamente mezcladas. El instinto herido ha
de curarse practicando la imposición de unos
sólidos limites y practicando el
ofrecimiento de unas firmes y, a ser posible,
generosas respuestas que no cedan, sin
embargo, a la tentación de la debilidad.
Una mujer puede
tener dificultades en dar rienda suelta a su
cólera incluso si esa supresión resulta
perjudicial para su vida, incluso en el caso
de que ello la obligue a revivir
obsesivamente unos acontecimientos de años
atrás con la misma fuerza que si hubieran
ocurrido la víspera. Insistir en hablar de
un trauma y hacerlo con gran intensidad a lo
largo de un determinado periodo de tiempo es
muy importante para la curación. Pero, al
final, todas las heridas se tienen que
suturar y debe dejarse que se conviertan en
tejido cicatrical.

LA COLERA
COLECTIVA.
a cólera o
rabia colectiva es también una función
natural. Existe el fenómeno de la lesión de
grupo, el dolor de grupo. Las mujeres que
adquieren consciencia social, política o
cultural descubren a menudo la necesidad de
enfrentarse con la cólera colectiva que una
y otra vez les recorre el cuerpo.
Desde un punto
de vista psíquico es saludable que las
mujeres experimenten semejante cólera. Y es
psíquicamente saludable que utilicen esta
cólera derivada de la injusticia para buscar
los medios capaces de producir el cambio
necesario. Pero no es psicológicamente
saludable neutralizar la cólera con el fin
de no sentir nada y, por consiguiente, no
exigir la evolución y el cambio. Tal como
ocurre con la cólera de carácter personal,
la cólera colectiva es también una maestra.
Las mujeres pueden consultarla, hacerle
preguntas en solitario o en compañía de
otras mujeres y obrar en consecuencia. Existe
una diferencia entre el hecho de llevar
dentro una antigua cólera incrustada y el de
agitarla con un nuevo bastón para ver a qué
usos constructivos se puede aplicar.
La cólera
constructiva se puede utilizar con provecho
como motivación para la búsqueda o el
ofrecimiento de apoyo, para la búsqueda de
medios que induzcan a los grupos y a los
individuos al dialogo o para exigir
responsabilidades, progreso y mejoras. Éstos
son los procesos que las mujeres que
adquieren conciencia han de seguir en las
pautas de comportamiento. El hecho de
experimentar unas profundas reacciones ante
la falta de respeto, las amenazas y las
lesiones forma parte de una sana psique
instintiva. La reacción vehemente es una
parte lógica y natural del aprendizaje
acerca de los mundos colectivos del alma y la
psique.

LA
PERSISTENCIA DE LA ANTIGUA COLERA.
n caso de que
la cólera vuelva a convertirse en un
obstáculo para el pensamiento y la acción
creativa, conviene suavizarla o modificarla.
En las mujeres que se han pasado un
considerable periodo de tiempo superando un
trauma, tanto si éste se debió a la
crueldad, el olvido, la falta de respeto, la
temeridad, la arrogancia o la ignorancia de
alguien como si se debió simplemente al
destino, llega un momento en que hay que
perdonar para que la psique pueda liberarse y
recuperar su estado normal de paz y
serenidad.
Cuando una
mujer tiene dificultades para dar rienda
suelta a la cólera o la rabia, ello suele
deberse a que utiliza la cólera para
fortalecerse. Y, si bien tal cosa pudo haber
sido oportuna al principio, más tarde la
mujer tiene que andarse con cuidado, pues una
cólera permanente es un fuego que acaba
quemando su energía primaria. La
persistencia en dicho estado es algo así
como pasar vertiginosamente por la vida y
tratar de vivir una existencia equilibrada
pisando el acelerador hasta el fondo.
Al cabo de
algún tiempo, la cólera arde hasta alcanzar
unas temperaturas extremadamente altas,
contamina nuestras ideas con su negro humo y
obstruye otras maneras de ver y comprender.
Aunque una
profunda purificación elimina buena parte
del antiguo dolor y la antigua cólera, el
residuo jamas se puede borrar por completo.
Tiene que dejar unas ligeras cenizas, no un
fuego devorador. Por consiguiente, la
limpieza de la cólera residual debe
convertirse en un ritual higiénico
periódico que nos libere, pues el hecho de
llevar la antigua cólera más allá del
extremo hasta el que nos podía ser útil
equivale a experimentar una constante
ansiedad, por más que nosotras no seamos
conscientes de ella.
Pero hay un
medio de salir de esta situación y este
medio es el perdón.
<<Ah,
¿el perdón?>>, dices. Cualquier cosa
menos el perdón, ¿verdad? Sin embargo, tú
sabes en lo más hondo de tu corazón que
algún día, en algún momento, llegarás a
ello. Puede que no ocurra hasta el momento de
la muerte, pero ocurrirá. Piensa en lo
siguiente: muchas personas tienen
dificultades para conceder el perdón por que
les han enseñado que se trata de un acto
singular que hay que completar en una sola
sesión. Pero no es así. El perdón tiene
muchas capas y muchas estaciones. En nuestra
cultura se tiene la idea de que el perdón ha
de ser al ciento por ciento. O todo o nada.
También se nos enseña que perdonar
significa pasar por alto, comportarse como si
algo no hubiera ocurrido. Tampoco es eso.
Lo más
importante del perdón es empezar y
continuar. El cumplimiento es una tarea de
toda la vida. Tienes todo el resto de la vida
para seguir trabajando en el porcentaje
menor. Está claro que, si pudiéramos
comprenderlo todo, todo se podría perdonar.
Pero la mayoría de la gente necesita
permanecer mucho tiempo en el baño
alquímico para llegar a eso. No importa,
contamos con la sanadora y, por consiguiente,
tenemos la paciencia necesaria para cumplir
la tarea.
La vieja
curandera de la psique comprende la
naturaleza humana con todas sus debilidades y
otorga el perdón siempre y cuando se le diga
la pura verdad. Y no sólo concede una
segunda oportunidad sino que muy a menudo
concede varias oportunidades.
LAS CUATRO
FASES DEL PERDON.
- Apartarse Dejar de correr
- Tolerar Abstenerse de castigar
- Olvidar Arrancar del recuerdo,
no pensar
- Perdonar Dar por pagada la
deuda
APARTARSE
Para poder
empezar a perdonar, es bueno apartarse
durante algún tiempo, es decir, dejar de
pensar algún tiempo en aquella persona o
acontecimiento. Eso no significa dejar algo
por hacer sino más bien tomarse unas
vacaciones. Eso evita que nos agotemos y nos
permite fortalecernos de otra manera y
disfrutar de otras felicidades en nuestra
vida.
Apartarse
quiere decir ponerse de nuevo a tejer, a
escribir, ir a aquel océano, aprender o amar
algo que nos fortalezca y distanciarnos del
asunto por algún tiempo. Es una actitud
acertada, buena y saludable. Las lesiones del
pasado acosaran mucho menos a una mujer si
ésta le asegura a la psique herida que ahora
le aplicará bálsamos suavizantes y más
adelante abordará toda la cuestión de la
causa de aquellas lesiones.
TOLERAR
La segunda fase
es la de la tolerancia, entendida en el
sentido de abstenerse de castigar; de no
pensar ni hacer ni poco ni mucho. Eso no
significa quedarse ciega o muerta y perder la
vigilancia defensiva. Significa contemplar la
situación con una cierta benevolencia y ver
cuál es el resultado.
Tolerar quiere
decir tener paciencia, soportar, canalizar la
emoción. Todas estas cosas son unas
poderosas medicinas. Practícalas todo lo que
puedas, pues se trata de una experiencia
purificadora.
Tolerar
equivale a practicar la generosidad,
permitiendo con ello que la gran naturaleza
compasiva participe en cuestiones que
previamente han provocado emociones que van
desde una leve irritación a la cólera.
OLVIDAR
Olvidar
significa arrancar de la memoria, negarse a
pensar; en otras palabras, soltar, aflojar la
presa, sobre todo de la memoria. Olvidar no
significa comportarse como si el cerebro
hubiera muerto. El olvido consciente equivale
a soltar el acontecimiento, no insistir en
que éste se mantenga en primer plano sino
dejar más bien que abandone el escenario y
se retire a un segundo plano.
Practicamos el
olvido consciente, negándonos a evitar las
cuestiones molestas, negándonos a recordar.
El olvido es un esfuerzo activo, no pasivo.
Significa no entremeterse con ciertas
cuestiones y no darles vueltas, no irritarse
con pensamientos, imágenes o emociones
repetitivas. El olvido consciente significa
abandonar deliberadamente las obsesiones,
distanciarnos voluntariamente y perder de
vista el objeto de nuestro enojo, no mirar
hacia atrás y vivir en un nuevo paisaje,
crear una nueva vida y unas nuevas
experiencias en las que pensar, en lugar de
seguir pensando en las antiguas. Esta clase
de olvido no borra el recuerdo, pero entierra
las emociones que lo rodeaban.
PERDONAR
Hay muchos
medios y maneras de perdonar una ofensa a una
persona, una comunidad o una nación.
Conviene recordar que el perdón
<<definitivo>> no es una
rendición. Es una decisión consciente de
dejar de guardar rencor, lo cual significa
perdonar una deuda y abandonar la
determinación de tomar represalias. Tú eres
la que tiene que decidir cuándo perdonar y
qué ritual se deberá utilizar para celebrar
el acontecimiento. Tú decides qué deuda no
se tiene que seguir pagando.
Algunas
personas optan por conceder un perdón total,
eximiendo al ofensor de la obligación de
pagar una indemnización ahora o más
adelante. Otras optan por interrumpir el
proceso, desistir de cobrar la deuda en su
totalidad y decir que lo hecho hecho está y
lo que se ha pagado hasta ahora es
suficiente. Otra forma de perdón consiste en
exonerar a una persona sin que ésta haya
satisfecho ningún tipo de indemnización
emocional o de otra clase.
El perdón es
un acto de creación. Se puede otorgar de muy
variadas maneras. Se puede perdonar de
momento, perdonar hasta entonces, perdonar
hasta la próxima vez, perdonar pero no dar
más oportunidades; el juego sería
totalmente distinto si se produjera otro
incidente. Se puede dar otra oportunidad,
varias o muchas oportunidades o dar
oportunidades con determinadas condiciones.
Se puede perdonar en parte, en su totalidad o
la mitad de la ofensa. Se puede otorgar un
perdón general. La mujer es la que decide.
¿Cómo sabe la
mujer si ha perdonado o no? En caso
afirmativo, tiende a compadecerse de la
circunstancia en lugar de sentir cólera,
tiende a compadecerse de la persona en lugar
de estar enojada con ella. Tiende a olvidar
lo que tenía que decir al respecto.
Comprende el sufrimiento que dio lugar a la
ofensa. Prefiere permanecer al margen. No
espera nada. No quiere nada. Ningún estrecho
lazo alrededor de los tobillos tira de ella
desde lejos para arrastrarla hacia acá. Es
libre de ir a donde quiera. Puede que la cosa
no termine con un <<vivieron felices y
comieron perdices>>, pero a partir de
ahora estará esperándola con toda certeza
un nuevo <<Había una vez>>.

Continuación:
Capitulo 13
Las cicatrices de la batalla: La pertenencia
al clan de la cicatriz.

© 1992 / 1995
por Clarissa Pinkola Estés, Ph.D.