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Improptu en A, B menor Opus 90 No.4 - Franz Peter Schubert

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(Son un total de: 151 melodías clásicas.)

Capitulo 10

La creatividad cambia de forma. En determinado momento tiene una forma y al siguiente otra. Es como un espíritu deslumbrador que se nos aparece a todos, pero que no se puede describir, pues nadie se pone de acuerdo acerca de lo que ha visto en medio de aquel brillante resplandor. ¿Son el manejo de los pigmentos y los lienzos o los desconchados de la pintura y el papel de la pared unas pruebas de su existencia? ¿Qué tal el papel y la pluma, los macizos de flores que bordean la calzada del jardín o la construcción de una universidad? Sí, por su puesto. ¿Planchar bien un cuello de camisa, organizar una revolución? También. ¿Tocar amorosamente las hojas de una planta, concertar el <<acuerdo de tu vida>>, cerrar el telar, encontrar la propia voz, amar bien a alguien? También. ¿Cuidar el matrimonio como el vergel que efectivamente es, excavar en busca del oro de la psique, encontrar una palabra hermosa, confeccionar una cortina de color azul? Todo eso es fruto de la vida creativa. Todas estas cosas pertenecen a la Mujer Salvaje, al Río bajo el río que fluye incesantemente hacia nuestra vida. Algunos dicen que la vida creativa está en las ideas y otros dicen que está en las obras. En la mayoría de los casos da la impresión de encontrarse en un ser sencillo. No es la virtud, aunque eso está muy bien. Es el amor, es amar algo –tanto si es una persona como si es una palabra, una imagen, una idea, la tierra o la humanidad—hasta el extremo de que todo lo que se pueda hacer con lo sobrante sea una creación. No es cuestión de querer, no es un acto individual de voluntad; es simplemente algo que se tiene que hacer.

En la tradición arquetípica se tiene la idea de que si alguien prepara un lugar psíquico especial, el ser, la fuerza creativa, la fuente del alma se enterará, se abrirá camino hacia él y establecerá en él su morada. Tanto si esta fuerza es convocada por el bíblico <<sigue adelante y prepara un lugar para el alma>> como si lo es por una voz que, como en la película Field of Dreams en la que un campesino oye una voz que lo insta a construir un campo de béisbol para los espíritus de los jugadores difuntos, le dice: <<Si lo construyes, ellos vendrán>>, el hecho de preparar un lugar adecuado propicia la venida de la gran fuerza creativa.

La creación de algo en un punto determinado del río alimenta a los que se acercan a él, a las criaturas que se encuentran corriente abajo ya las del fondo. La creatividad no es un movimiento solitario. En eso estriba su poder. Cualquier cosa que toque, quienquiera que la oiga, vea o perciba, lo sabe y se alimenta. Es por eso por lo que la contemplación de la palabra, la imagen o la idea creativa de otra persona nos llena y nos inspira en nuestra propia labor creativa. Un solo acto creativo tiene el poder de alimentar a todo un continente. Un acto creativo puede hacer que un torrente traspase la piedra.

Por esta razón, la capacidad creativa de una mujer es su cualidad más valiosa, pues se ve por fuera y la alimenta por dentro a todos los niveles: psíquico, espiritual, mental, emotivo y económico. La naturaleza salvaje derrama incesantes posibilidades, actúa a modo de canal del parto, confiere fuerza, apaga la sed, sacia nuestra hambre de la profunda vida salvaje. En una situación ideal, el río creativo no tiene ningún dique y ningún desvío y, sobre todo, no se utiliza indebidamente.

El río de la Mujer Salvaje nos alimenta y nos convierte en unos seres que son como ella: dadores de vida. Mientras nosotras creamos, este ser salvaje y misterioso nos crea a su vez y nos llena de amor. Somos llamadas a la vida de la misma manera que las criaturas lo son por el sol y el agua. Estamos tan vivas que damos vida a nuestra vez; estallamos, florecemos, nos dividimos y multiplicamos, fecundamos, incubamos, transmitimos, ofrecemos.

Está claro que la creatividad emana de algo que se levanta, rueda, avanza impetuosamente y se derrama en nosotras, no de algo que permanece inmóvil esperando –aunque sea de manera tortuosa e indirecta—que nosotras encontremos el camino que conduce hacia él. En este sentido jamas podemos <<perder>> nuestra creatividad. Esta siempre ahí, llenándonos o chocando con cualquier obstáculo que se interponga en su camino. Si no encuentra ninguna salida para llegar hasta nosotras, retrocede, hace acopio de energía y embiste con fuerza hasta que consigue abrir una brecha. La única manera de evitar su insistente energía consiste en levantar constantes barreras contra ella o dejar que la negligencia y el negativismo destructivo la envenenen.

Si buscamos con ansia la energía creativa; si tenemos problemas con el dominio de la fertilidad, la imaginación y la ideación; si tenemos dificultades para centrarnos en nuestra visión personal, actuar en consecuencia o llevarla a su cumplimiento, significa que algo ha fallado en la confluencia entre las fuentes y el afluente. A lo mejor, nuestras aguas creativas discurren a través de un ambiente contaminado en el que las formas de vida de la imaginación mueren antes de alcanzar la madurez. Con harta frecuencia, cuando una mujer se ve despojada de su vida creativa, todas estas circunstancias se encuentran en la raíz de la situación.

Puesto que la Mujer Salvaje se encuentra en el Río bajo el río, cuando fluye hacia nosotras, nosotras también fluimos. Si la abertura que va de ella a nosotras está bloqueada, nosotras también nos bloqueamos. Si sus corrientes están envenenadas por culpa de nuestros complejos negativos interiores, del ambiente o de las personas que nos rodean, los delicados procesos que configuran nuestras ideas también se contaminan. Y entonces somos como un río moribundo, lo cual no se puede pasar por alto, pues la perdida de una clara corriente creativa constituye una crisis psicológica y espiritual.

Cuando un río esta contaminado, todo empieza a morirse porque, tal como sabemos en la biología medioambiental, cada forma de vida depende de todas las demás. Nada ni nadie es independiente, se necesita de otros seres alrededor para poder vivir, por eso los peces no brincan fuera del agua, los pájaros no se zambullen y los lobos y otras criaturas que se acercan al río para refrescarse se van a otro sitio o se mueren por haber bebido agua corrompida o haber devorado una presa que a su vez se había alimentado con las moribundas plantas de la orilla.

Entonces nos sentimos enfermas y queremos salir adelante. Vagamos sin rumbo fingiendo que nos las podemos arreglar sin la lujuriante vida creativa o bien simulándola; pero no podemos y no debemos. Se puede ser una cautivadora mujer del río, ser fértil y generosa, que crea a partir de su propio cuerpo. Se puede ser pobre y sobrecogedoramente hermosa, pero rica de alma y espíritu.

LA CONTAMINACION DEL ALMA SALVAJE.

La destrucción de lo femenino fértil. Tanto si la contaminación de la belleza salvaje se produce en el mundo interior como si ocurre en el mundo exterior, la contemplación de lo que sucede resulta dolorosa. A veces en la cultura moderna consideramos que lo uno es mucho más devastador que lo otro, pero ambas cosas son igualmente graves.

Detrás de las acciones de escribir, pintar, pensar, curar, hacer, guisar, conversar, sonreír, realizar, está siempre el Río bajo el río que alimenta todo lo que hacemos. El río se ve como la Gran Dama que pasea por la tierra con la holgada falda azul y plata y a veces oro, que se tumba en el suelo para fertilizarlo.

En el norte de Nuevo México, cuando hay una tormenta o viento o cuando se produce una repentina inundación, se habla del río como si éste fuera una mujer sexualmente excitada que, en su ardor, se apresura a tocar todo lo que puede para hacerlo crecer. Vemos por tanto que en este caso el río simboliza una forma de generosidad femenina que estimula, excita y apasiona. Los ojos de las mujeres se encienden cuando crean, sus palabras cantan alegremente, sus rostros resplandecen de vida y hasta parece que se intensifica el brillo de su cabello. La idea las excita, las posibilidades las estimulan, el pensamiento las apasiona y, al llegar a este punto, tal como ocurre con el gran río, tienen que fluir sin interrupción por su incomparable camino creativo. Eso es lo que hace que las mujeres se sientan satisfechas.

Pero a veces, como en los cuentos, la vida creativa de una mujer es confiscada por algo que quiere hacer cosas pertenecientes al ego y exclusivamente para el ego, unas cosas que no poseen valor espiritual duradero. A veces, las presiones de la cultura a la que pertenece la mujer dicen que sus ideas creativas son inútiles, que nadie las querrá, que de nada sirve que siga adelante. Eso es una contaminación. Es como verter plomo al cauce del río. Eso es lo que envenena la psique.

EL ENVENENAMIENTO DEL RIO.

En un ciclo natural puede haber inquietud e impaciencia, pero jamas se experimenta la sensación de que el alma salvaje se está muriendo. Podemos establecer la diferencia examinando nuestras expectativas: aunque nuestra energía creativa este paralizada por una larga incubación, nosotras seguimos esperando con ansia el resultado, percibimos los crujidos y las vibraciones de esta nueva vida que da vueltas y zumba en nuestro interior. No nos sentimos desesperadas. No embestimos ni agarramos ávidamente.

En cambio, cuando la vida creativa se muere por que no cuidamos la salud del río, la situación es muy distinta. Entonces sentimos exactamente lo mismo que el río moribundo; experimentamos perdida de energía y nos sentimos cansadas; nada se arrastra, nada es fangoso, nada deja hojas, nada se enfría ni se calienta. Nos volvemos espesas y lentas en sentido negativo y estamos envenenadas por la contaminación o por una acumulación de tareas atrasadas y un estancamiento de todas nuestras riquezas. Todo parece contaminado, turbio y tóxico.

¿Cómo se puede haber contaminado la vida creativa de una mujer? Toda esta embarradura de la vida creativa invade las cinco fases de la creación: la inspiración, la concentración, la organización, la puesta en practica y el mantenimiento. Las mujeres que han perdido una o más fases dicen que <<no se les ocurre>> nada nuevo, útil o empático. Se <<distraen>> fácilmente con aventuras amorosas, demasiado trabajo, demasiados juegos, demasiado cansancio o temor al fracaso.

Otras veces la mujer se siente atacada por los que la rodean o por las voces que le martillean la cabeza diciendo <<Tu trabajo no está lo bastante bien, no es suficientemente bueno, no es suficientemente tal cosa o tal otra. Es demasiado, demasiado infinitesimal, demasiado insignificante, requiere demasiado tiempo, es demasiado fácil, demasiado duro>>. Todo eso es como verter cadmio en las aguas del río.

Hay otro cuento que describe el mismo proceso, pero utiliza otro simbolismo. En un episodio de la mitología griega los dioses decretan que unas aves llamadas Arpías (1) castiguen a un tal Fineo. Cada vez que a Fineo le servían comida por arte de magia, la bandada se acercaba, le robaba parte de la comida, desperdigaba otra parte y manchaba con sus excrementos el resto, dejando al pobre hombre muerto de hambre (2).

El <<Síndrome de la Arpía>> destruye por medio de la denigración todas las cualidades y todos los esfuerzos de una mujer, utilizando un dialogo interior extremadamente despectivo. A una mujer se le ocurre una idea y la Arpía se le caga encima. <<Creo que voy a hacer tal cosa o tal otra>>, dice la mujer. La Arpía le contesta: <<Menuda idiotez, eso no le interesa a nadie, es tan simple que hasta da risa. Mira bien lo que te digo, tus ideas son una bobada, la gente se reirá, no tienes nada que decir.>> Así hablan las Arpías.

Los pretextos son otra forma de contaminación, a muchas escritoras, pintoras, bailarinas y otras artistas les he oído alegar todos los pretextos que se han inventado los seres humanos desde que el mundo es mundo. <<Lo resolveré cualquier día de estos.>> Y entre tanto, la mujer sonríe para disimular su depresión. <<Procuro estar ocupada, he intentado escribir un poquito; el año pasado hasta escribí dos poemas y, en los últimos dieciocho meses, he terminado un cuadro y he pintado parcialmente otro y, además, la casa, los niños, el marido, mi amigo, el gato, el niño pequeño exigen toda mi atención. Lo superare, no tengo dinero, no tengo tiempo, no consigo buscar un hueco, no puedo empezar hasta que tenga los mejores y los más caros instrumentos o experiencias, ahora mismo no me apetece, no estoy de humor. Necesito por lo menos un día de tiempo para hacerlo, es que, es que...>>

~1~
En otros tiempos, las Arpías eran las diosas de la tormenta. Eran divinidades de la Vida y la Muerte. Por desgracia, les impidieron ejercer ambas funciones y se convirtieron en criaturas unilaterales. Tal como hemos visto en las interpretaciones de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida, cualquier fuerza que preside el nacimiento preside también la muerte. En Grecia, sin embargo, la cultura dominada por el pensamiento y los ideales de unos pocos había subrayado con tal fuerza el aspecto mortal de las Arpías mostrándolas como unas criaturas diabólicas mitad mujer mitad ave de rapiña que su naturaleza incubadora, alumbradora y nutricia quedo eliminada. Cuando Esquilo escribió la trilogía de La Orestíada en la que las Arpías mueren o son perseguidas hasta una cueva de los confines de la tierra, la naturaleza revitalizadora de estas criaturas ya había sido totalmente sepultada.

~2~
Se trata de una versión posterior a La Orestíada. Por cierto, no todas las capas son patriarcales y no todas las cuestiones patriarcales son negativas. Hay cierto valor incluso en las antiguas y negativas capas patriarcales de los mitos que antiguamente se complacían en acentuar las cualidades fuertes y saludables de lo femenino, pues no sólo nos muestran de que forma una cultura conquistadora socavaba la antigua sabiduría sino que también nos pueden mostrar de qué manera una mujer sojuzgada o con los instintos heridos era obligada a verse a sí misma no sólo entonces sino también ahora, y de qué manera se podía curar. Una serie de ordenes destructivas dirigida a las mujeres o contra las mujeres (y/o contra los hombres) deja una especie de radiografía arquetípica de aquello que se desfigura en el desarrollo de una mujer cuando ésta se educa en una cultura que no considera aceptable lo femenino. Debido a ello, no tenemos que hacer conjeturas. Todo queda grabado en las sucesivas capas de los cuentos de hadas y los mitos.

EL INCENDIO DEL RIO.

La corriente creativa contaminada puede estallar de repente en un incendio tóxico que no sólo queme el combustible de la basura del río sino que convierta también en cenizas todas las formas de vida. La acción simultanea de un numero excesivo de complejos psíquicos puede provocar unos daños inmensos en el río. Los complejos psicológicos negativos se yerguen y ponen en tela de juicio la valía, la intención, la sinceridad y el talento de la mujer. También le envían inequívocos mensajes, según los cuales tiene que <<ganarse la vida>> haciendo cosas que la agoten, no le dejen tiempo para crear y destruyan su voluntad de imaginar. Algunos de los robos y castigos preferidos que los malévolos complejos imponen a la creatividad de las mujeres giran en torno a la concesión al Yo del alma de <<tiempo para crear>> en un lejano y nebuloso futuro. O a la promesa de que, cuando la mujer disponga de varios días seguidos libres, empezara finalmente la juerga. Pero todo es mentira. El complejo no tiene la menor intención de cumplir las promesas. Es otra manera de asfixiar el impulso creativo.

Las voces también pueden susurrar: <<Sólo si obtienes un doctorado tendrás un trabajo como Dios manda, sólo si te alaba la Reina, sólo si recibes tal o cual galardón, sólo si te publican los trabajos en tal o cual revista, sólo si, si, si...>>>

Todos estos condicionales equivalen a atiborrar el alma de comida basura. Una cosa es comer lo que sea y otra muy distinta alimentarse como es debido. Con mucha frecuencia la lógica del complejo tiene muchos fallos aunque éste intente convencer a la mujer de lo contrario.

Uno de los mayores problemas del complejo creativo es la acusación de que cualquier cosa que haga la mujer no dará resultado por que no piensa con lógica, no es lógica y lo que ha hecho hasta la fecha no es lógico, por cuyo motivo esta condenado al fracaso. Ante todo, las fases iniciales de la creación no son lógicas... ni tienen por que serlo. Recuerda que, si la lógica imperara en el mundo, todos los hombres montarían a caballo a mujeriegas.

La mujer tiene que cuidar de que una responsabilidad excesiva (o una respetabilidad excesiva) no le roben los necesarios descansos, ritmos y éxtasis creativos. Tiene que plantar firmemente los pies en el suelo y decir que no a la mitad de las cosas que ella cree que <<tendría>> que hacer. El arte no se puede crear solo en momentos robados.

Si la cultura en la que vive una mujer ataca la función creativa de sus miembros, si parte por la mitad o destroza algún arquetipo o pervierte su propósito o significado, todo ello se incorporara en estado destrozado en la psique de sus miembros, como una fuerza con el ala rota y no como una fuerza sana, rebosante de vitalidad y de posibilidades.

La creatividad tiene que ser un claro acto de conciencia. Sus acciones reflejan la claridad del río. El animus, que constituye la base de la acción exterior, es el hombre del río. Es el mayordomo, es el cuidador y protector del agua.

 

EL HOMBRE DEL RIO.

Según la clásica definición junguiana, el animus, de genero masculino, es la fuerza del alma de las mujeres. Sin embargo, la observación personal ha inducido a muchas psicoanalistas entre las que yo me incluyo a refutar la visión clásica y a afirmar en su lugar que la fuerza revivificadora de las mujeres no es masculina ni ajena a ella sino femenina y familiar.

Las figuras masculinas de los sueños femeninos parecen indicar que el animus no es el alma de las mujeres sino algo <<de, desde y para>> el alma de las mujeres. En su forma equilibrada y no pervertida es un <<hombre puente>> esencial. Esta figura posee a menudo unas prodigiosas cualidades que lo inducen a entrar en acción como portador y puente. Es algo así como un mercader del alma. Importa y exporta conocimientos y productos. Elige lo mejor de lo que se le ofrece, concierta el mejor precio, supervisa la honradez de las transacciones, sigue con tesón todo el procedimiento y lo lleva a feliz término.

Otra manera de interpretarlo podría consistir en imaginar que la Mujer Salvaje, el Yo del alma, es la artista y el animus es el brazo de la artista. La Mujer Salvaje es el chofer y el animus es el que empuja el vehículo. Ella escribe la canción y él la orquesta. Ella imagina y él le da consejos. Sin él, aunque el escenario esté lleno a rebosar de actores, el telón jamas se levanta y la marquesina del teatro no se ilumina.

Por consiguiente, el animus recorre el camino entre dos territorios y, a veces, tres: el mundo subterráneo, el mundo interior y el mundo exterior. El animus, que conoce muy bien todos los mundos, envuelve y transporta todos los sentimientos y las ideas de una mujer por todos esos estrechos y en todas direcciones. Le trae a la mujer ideas de <<allí afuera>> y traslada las ideas del Yo del alma de la mujer <<al mercado>> del otro lado del puente para sacarles provecho. Sin el constructor y conservador de este puente terrestre, la vida interior de la mujer no puede manifestarse con fuerza en el mundo exterior.

No hace falta llamarlo animus, se le puede designar con las palabras o las imágenes que una quiera. Pero no olvidemos que hay actualmente dentro de la cultura femenina un cierto recelo hacia lo masculino, que para algunas mujeres es un temor <<a necesitar lo masculino>> y para otras es una dolorosa recuperación tras haber sido aplastadas en cierto modo por él. Por regla general, el recelo es fruto de unos traumas generados por la familia y la cultura en las épocas en que las mujeres eran tratadas como siervas y no como personas, unos traumas que ahora están a duras penas empezando a sanar.

Cuando existe el debido equilibrio, el animus se comporta como un asistente, un ayudante, un amante, un hermano, un padre y un rey. Lo cual no quiere decir que el animus sea el rey de la psique femenina tal como quizá desearía una ofendida visión paternalista. Significa que en la psique femenina hay un aspecto regio, un elemento que, cuando se desarrolla como actitud, actúa y media en amoroso servicio de la naturaleza salvaje. El arquetipo del rey representa la fuerza que tiene que actuar en nombre de la mujer y en su beneficio, gobernando lo que ésta y el alma le recomiendan y administrando las tierras psíquicas que se le confían.

Alguien me dijo cuando era pequeña que era tan fácil crear para lo bueno como crear para lo malo. Pero yo he descubierto que no es así. Es mucho mas difícil mantener el río limpio. Es mucho mas fácil dejar que se contamine.

Crear deriva del latín creare con el significado de producir vida o cualquier otra cosa donde antes no había nada.

En la psique se produce un extraño fenómeno: cuando una mujer se encuentra bajo los efectos de un animus negativo, cualquier intento de crear algo lo induce a atacar a la mujer. Ésta piensa matricularse en algún curso o va a clase, pero se queda atascada de golpe y se asfixia por falta de alimento y apoyo. Una mujer acelera, pero se queda constantemente rezagada. Cada vez hay mas proyectos de labor de punto sin terminar, más cuadros de flores jamas plantados, más excursiones jamas realizadas, más notas jamas escritas para decir simplemente <<Tengo interés>>, más lenguas extranjeras jamas aprendidas, más lecciones de música abandonadas, más tramas colgadas del telar, esperando y esperando...

LA RECUPERACION DEL RIO.

La naturaleza de la Vida/Muerte/Vida hace que el Destino, la relación, el amor, la creatividad y todo lo demás se muevan de acuerdo con unas pautas amplias y salvajes, las cuales se suceden en el siguiente orden: creación, desarrollo, poder, disolución, muerte, incubación, creación y así sucesivamente. El robo o la ausencia de ideas, pensamientos y sentimientos son el resultado de una corriente alterada. He aquí de qué manera se puede recuperar el río.

Acepta alimento para iniciar la limpieza del río. Se nota que hay agentes contaminantes que alteran el río cuando la mujer rechaza los sinceros cumplidos que se le hacen a propósito de su vida creativa. Es posible que solo haya una moderada contaminación cuando por ejemplo la mujer contesta con aire indiferente: <<Es muy amable de tu parte hacerme este cumplido>>; o puede haber una grave contaminación: <<Ah, es una birria>> o <<No estás en tus cabales>>. Una respuesta a la defensiva es también un indicio de lo mismo <<Pues claro que soy maravillosa. ¿Cómo no te habías dado cuenta?>>. Todas estas reacciones denotan un animus herido. Las cosas buenas fluyen hacia la mujer, pero el animus las envenena de inmediato.

Para invertir el fenómeno, una mujer tiene que esforzarse en aceptar el cumplido (aunque inicialmente parezca que esta vez se abalanza sobre él para poder quedárselo todo para ella sola), saborearlo, combatir contra el malévolo animus que quisiera decirle al que hace el cumplido: <<Eso es lo que tú crees por que no sabes la cantidad de errores que ha cometido, no te das cuenta de lo tonta que es, etc.>>.

Reacciona. Así es como se limpia el río. Los lobos levan unas vidas inmensamente creativas. Toman a diario docenas de decisiones, deciden si ir por aquí o por allá, calculan la distancia, se concentran en su presa, sopesan las posibilidades, aprovechan la oportunidad, reaccionan con fuerza para poder alcanzar sus objetivos. Su habilidad para localizar lo escondido, unir sus intenciones, concentrarse en el resultado apetecido y actuar en consecuencia para conseguirlo son justo las características que los seres humanos necesitan para llevar a feliz término sus propósitos.

Para crear se tiene que saber reaccionar. La creatividad es la capacidad de reaccionar a todo lo que nos rodea, de elegir entre los cientos de posibilidades de pensamiento, sentimiento, acción y reacción que surgen en nuestro interior, y reunirlo todo en una singular respuesta, expresión o mensaje que posea impulso, pasión y significado. En este sentido, la perdida de nuestro ambiente creativo significa vernos limitadas a una sola elección, sentirnos despojadas y obligadas a reprimir o censurar los sentimientos y los pensamientos y a no actuar, no decir, no hacer o no ser.

Sé salvaje. Así es como se limpia el río. En su estado original, el río no fluye contaminado, nosotras nos encargamos de contaminarlo. El río no se seca, somos nosotras las que lo bloqueamos. Si queremos devolverle su libertad, tenemos que permitir que nuestras vidas ideativas fluyan libremente, dejando que salga cualquier cosa, y sin censurar nada en principio. Eso es la vida creativa, fruto de una divina paradoja. Se trata de un proceso enteramente interior. Para crear, tenemos que estar dispuestas a ser totalmente estúpidas, sentarnos en un trono en lo alto de un imbécil y derramar rubíes por la boca. Entonces el río fluirá y nosotras podremos permanecer de pie en medio de su corriente bajo la lluvia. Podremos extender las faldas y las blusas y recoger toda el agua que podamos llevar.

Empieza. Así es como se limpia el río contaminado. Si tienes miedo de fracasar, yo te digo que empieces, fracasaras si no hay mas remedio, te vuelvas a levantar y vuelvas a empezar. Y si fracasas de nuevo, fracasa. ¿Y qué? Vuelve a empezar. No es el fracaso lo que nos paraliza y nos mantiene estancadas sino la renuencia a volver empezar. ¿Qué más da que tengas miedo? Si tienes miedo de que algo se te eche encima y te pegue un mordisco, por lo que más quieras, afróntalo de una vez. Deja que tu temor se te eche encima y te pegue un mordisco. De esta manera lo vencerás y podrás seguir adelante. Lo vencerás. El temor se te pasara. En este caso, es mejor afrontarlo directamente, sentirlo y vencerlo que seguir utilizándolo como excusa para no tener que limpiar el río.

Protege tu tiempo. Así se eliminan los agentes contaminantes.

Persevera. ¿Cómo eliminar del todo esta contaminación? Insistiendo en que nada nos impedirá ejercitar un animus bien integrado, siguiendo adelante con nuestro empeño de hilar alma y fabricar alas, con nuestro arte, nuestros remiendos y nuestras costuras psíquicas, tanto si nos sentimos fuertes como si no, tanto si nos sentimos preparadas como si no. Sólo estamos nosotras. Nosotras somos las únicas que podemos vigilar el Yo del alma y el animus heroico. Es una crueldad regarlos una vez a la semana, una vez al mes o una vez al año. Todos tienen sus propios ritmos circadianos. Nos necesitan y necesitan el agua de nuestro arte cada día.

Protege tu vida creativa. Para evitar el hambre del alma, da al problema su verdadero nombre y resuélvelo, practica a diario tu tarea. Y después no permitas que ningún pensamiento, ningún hombre, ninguna mujer, ningún compañero, ningún amigo, ninguna religión, ningún trabajo y ninguna voz avinagrada te obliguen a pasar hambre. En caso necesario, enseña los incisivos.

Construye tu verdadero trabajo. Construye una cabaña de cordialidad y sabiduría. Toma tu energía de allí y tráela hacia aquí. Insiste en establecer un equilibrio entre la responsabilidad prosaica y el arrobamiento personal. Protege el alma. Insiste en llevar una vida creativa de calidad. No permitas que tus complejos, tu cultura, tus desechos intelectuales o las rimbombantes bobadas aristocráticas, pedagógicas o políticas te la roben.

Pon alimento para la vida creativa. Aunque hay muchas cosas buenas y nutritivas para el alma, casi todas ellas están incluidas en los cuatro grupos básicos de alimentos de la Mujer Salvaje: tiempo, sentido de pertenencia, pasión y soberanía. Haz acopio de ellos. Son los que mantienen limpio el río.

LA REPRESION DE LA FANTASIA CREATIVA.

"Cada vez que muere un alma, cae una estrella del cielo"

Si tu te encuentras en un ambiente lleno de indiferencia, vete. Estar en un ambiente en el que no se valora lo que la mujer tiene para poder sobrevivir en medio del frío, como unas llamitas en lo alto de unos palitos, que son el principio de cualquier posibilidad creativa y no morir. Si tú te encuentras en este apuro da media vuelta y aléjate. Si te ha ocurrido de que estas en una situación psíquica donde se te ofrecen muy pocas alternativas, y te has resignado a permanecer en el <<lugar>> que te ha tocado en suerte, no te resignes y vete, soltando coces. Cuando la Mujer Salvaje se siente acorralada, no se rinde sino que se arroja hacia delante y extiende las garras para luchar.

No sé muy bien cuantos amigos se necesitan, pero está claro que por lo menos uno o dos que nos digan que nuestro don, cualquiera que éste sea, es pan del cielo. Toda mujer tiene derecho a disfrutar de un coro de alabanzas.

Cualquier persona que no apoye tu arte o tu vida no merece que tú le dediques tiempo. Muy duro pero cierto.

Los amigos que nos aman y contemplan calurosamente nuestra vida creativa son los mejores soles del mundo. Cuando una mujer, no tiene amigos, se queda congelada por la angustia y a veces también por la cólera. Y en ocasiones, aunque tenga amigos, puede que éstos no sean unos soles. Es posible que la consuelen en lugar de hablarle de su situación cada vez más congelada. Pero el consuelo no tiene absolutamente nada que ver con el alimento. El alimento mueve a la mujer de un lado a otro. El alimento es algo así como unos copos de cereales psíquicos. La diferencia entre el consuelo y el alimento consiste en lo siguiente: si tú tienes una planta que está enferma por que la guardas en un armario oscuro y le diriges palabras tranquilizadoras, eso es un consuelo. Si sacas la planta del armario, la pones al sol, le das algo de beber y le hablas, eso es un alimento.

La fantasía del consuelo nos matara con toda seguridad. Ya sabemos lo letales que pueden ser las fantasías: <<Algún día>>, <<Si tuviera por lo menos>>, <<él cambiara>>, <<Si aprendo a dominarme, cuando esté bien preparada, cuando tenga suficiente esto o aquello, cuando los niños sean mayores, cuando tenga más seguridad, cuando encuentre a alguien, en cuanto...>>, etc.

Cuando las mujeres están desconectadas del nutritivo amor de la madre salvaje, se encuentran en una situación equivalente a una dieta de mera subsistencia en el mundo exterior. El ego trata de vivir como puede con una mínima cantidad de alimento del exterior y cada noche regresa una y otra vez del lugar donde empezó y allí se queda dormido, muerto de cansancio.

La mujer no puede despertar a una vida con futuro por que su desdichada existencia es como un gancho del que ella cuelga diariamente.

El invierno psíquico en si sentido más negativo trae el beso de la muerte –es decir, la frialdad– a todo lo que toca. La frialdad significa el final de cualquier relación. Si quieres matar algo, muéstrate fría. En cuanto los sentimientos, los pensamientos o las acciones se congelan, ya no es posible la relación. Cuando los seres humanos quieren abandonar algo que llevan en sí mismos o dejar a una persona fuera, en medio del frío, procuran no prestarle atención, cancelan las invitaciones, las excluyen, se desvían de su camino para no tener siquiera que oírla ni verla.

El fuego es el símbolo más importante del revitalizador de la psique.

Entregarse a las fantasías en lugar de emprender una acción, utilizar la energía para seguir un camino momentáneo. Todo eso se percibe con toda claridad en la vida de la mujer. Está decidida a ir a la universidad, pero tarda tres años en decidir en cuál se va a matricular. Piensa pintar una serie de cuadros, pero, no tiene ningún sitio donde montar la exposición, no convierte la pintura en una prioridad. Quiere hacer esto o aquello, pero no dedica el tiempo necesario a aprender o a desarrollar la sensibilidad o la habilidad necesarias para hacerlo bien. Tiene diez cuadernos de notas llenas de sueños, pero está atrapada en su interpretación y no consigue llevar a la práctica sus significados. Sabe que tiene que marcharse, empezar, dejar, ir, pero no lo hace.

La psique empieza a gastarse bromas a sí misma y ahora vive en el fuego imaginario del cumplimiento de todos los anhelos. Pero esta clase de fantasía es como una mentira: cuando la persona la dice a menudo, acaba por creérsela.

LA RENOVACION DEL FUEGO CREADOR.

La concentración está formada por la percepción y el oído, y sigue las instrucciones de la voz del alma. Muchas mujeres son muy duchas en el arte de concentrarse, pero, cuando se les va el santo al cielo, se dispersan como un edredón de plumas esparcido por toda la campiña.

Es importante tener un recipiente en el que guardar todo lo que percibimos y oímos desde la naturaleza salvaje. En algunas mujeres, el recipiente son sus diarios en el que anotan todas las plumas que pasan volando, en otras es el arte creativo, el baile, la pintura, la escritura. ¿Recuerdas a Baba Yagá? Tiene una olla muy grande; vuela por el cielo en una caldera que, en realidad, es un almirez y una mano de almirez. En otras palabras, tiene un recipiente donde poner las cosas, tiene una manera muy concentrada de pensar y de moverse de un lugar a otro. Sí, la concentración es la solución al problema de la perdida de energía. Eso y otra cosa. Veamos.

Perder la concentración equivale a perder la energía. Y lo peor que se puede hacer cuando hemos perdido la concentración es correr de un lado a otro para intentar reunirlo todo otra vez. No hay que correr, lo que hay que hacer es sentarse y acunar. La paciencia, la paz y el movimiento de balanceo renuevan las ideas. El simple hecho de sostener la idea y de tener la paciencia de acunarla es lo que algunas mujeres llaman un lujo. La Mujer Salvaje dice que es una necesidad.

Es algo que los lobos saben muy bien. A veces, cuando aparece un intruso los lobos gruñen, ladran e incluso lo muerden, pero otras veces se retiran hacia el lugar donde se encuentra su grupo y se sientan tal como haría una familia. Se limitan a permanecer sentados y a respirar juntos. Las cajas torácicas se hunden hacia dentro y se proyectan hacia fuera, suben y bajan. Se concentran en sí mismos y deciden qué es lo más importante y qué hacer al respecto. Llegan a la conclusión de que <<de momento no van a hacer nada, se limitarán a permanecer sentados y a respirar, se limitarán a balancearse juntos>>.

¿Haz visto alguna vez a una mujer trabajar como una fiera y detenerse sin más? ¿Haz visto alguna vez a una mujer que lucha con denuedo por alguna causa social y que, al día siguiente, le vuelve la espalda y dice: <<Que se vaya todo al infierno>>? Su animus está agotado y necesita que lo acune La Que Sabe. La mujer cuya idea o energía se ha debilitado, marchitado o agotado por completo necesita conocer el camino que conduce a esta vieja curandera y le tiene que llevar su agotado animus para que lo renueve.

Pero al final la mujer tiene que descansar, equilibrarse y recuperar la concentración. Tiene que rejuvenecerse y recobrar la energía. Ella que no puede, pero sí puede, pues el circulo de las mujeres, tanto si éstas son madres como si son estudiantes, artistas o activistas, siempre se cierra para llenar el hueco de las que se van a descansar. Una mujer creativa tiene que descansar y regresar más tarde a su trabajo. Tiene que ir a ver a la vieja del bosque, a la revitalizadora, a la Mujer Salvaje en una de sus múltiples representaciones. La Mujer Salvaje ya sabe que el animus se cansa con regularidad. No se sorprende de que éste se desplome al cruzar su puerta. Ya está preparada. No se nos acercará corriendo, presa del pánico. Nos recogerá y nos sostendrá en sus brazos hasta que volvamos a recuperar nuestro poder.

Nosotras tampoco hemos de asustarnos cuando perdamos el impulso o la concentración. Tal como hace ella, debemos sostener la idea y quedarnos un ratito con ella. Tanto si nuestra concentración está enteramente ocupada en nuestro propio desarrollo como si lo está en los asuntos mundiales o en las relaciones., el animus se cansará. No es una cuestión de <<si>> sino de <<cuando>>. Esfuerzos prolongados tales como terminar los estudios, concluir un manuscrito, culminar la propia obra, cuidar de un enfermo, son actividades que hacen que la otrora joven energía envejezca, se venga abajo y ya no pueda salir adelante.

El atribuir el genero masculino a la fuerza inagotable constituye un error. Es una introyección cultural que se tiene que desterrar de la psique. Este error da lugar a que tanto las energías masculinas del paisaje interior como los varones de la cultura experimenten una injustificada sensación de fracaso cuando se cansan o necesitan descansar. Todo el mundo necesita hacer una pausa para recuperar las fuerzas. El modus operandi de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida es cíclico y se aplica a todo el mundo y a todas las cosas.

Tu gastada idea o actividad podrá resplandecer con más fulgor si eliminas una parte y te desprendes de ella. Es la misma idea del escultor que elimina una parte del mármol para que se vea mejor la forma oculta que hay debajo. Una excelente manera de renovar o fortalecer los objetivos o actividades que están agotados consiste en desprenderse de algunas ideas y concentrarse en el resto.

Arranca tres cabellos de tu actividad y arrójalos al suelo. Allí se convierten en una llamada para que despertemos. El hecho de arrojarlos al suelo provoca un ruido psíquico, un timbre, una resonancia en el espíritu de una mujer que da lugar a que ésta reanude su actividad. El sonido de algunas de las ideas que caen al suelo se convierte en el anuncio de una nueva era o de una nueva oportunidad.

En realidad, la vieja La Que Sabe está podando ligeramente lo masculino. Sabemos que la eliminación de las ramas muertas fortalece los arboles. Sabemos también que el corte de los capullos de ciertas plantas ayuda a hacerse más frondosas y lozanas. Para la Mujer Salvaje, el ciclo de crecimiento y disminución del animus es algo natural.

Pues entonces, ¿cuál es el propósito de esta renovación y concentración, de este afán de recuperar lo que se había perdido y de correr con los lobos? Es para ir directas a la yugular, para llegar hasta las semillas y los huesos de cualquier cosa que haya en nuestra vida, pues allí está el placer y la alegría, allí está el Edén de la mujer, el lugar donde hay tiempo y libertad para ser, pasear, asombrarse, escribir, cantar, crear y no tener miedo. Cuando los lobos perciben el placer o el peligro, lo primero que hacen es quedarse absolutamente inmóviles. Se convierten en estatuas concentradas para poder ver, oír y percibir en su forma más elemental que es lo qué ocurre.

A este mundo acuden las mujeres para recuperar su voz, sus valores, su imaginación, su clarividencia, su perspicacia, sus cuentos y los antiguos recuerdos femeninos. Todo eso es fruto de la concentración y la creación. Si has percibido la concentración, siéntate y no te muevas. Toma la idea y acúnala hacia delante y hacia atrás. Quédate con una parte de ella, arroja el resto y verás cómo te renuevas. No tienes que hacer nada más.

Continuación:

Capitulo 11
El calor: La recuperación de la sexualidad sagrada.

© 1992 / 1995 por Clarissa Pinkola Estés, Ph.D.

Capitulo 10: El agua clara: el alimento de la vida creativa.
(Mensaje pendiente - El lobo Víctor Hugo)
Por: lobo - 01 Jun 2005
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Ultima modificación: 24/Apr/2007 05:39:49 am (GMT)
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