a creatividad
cambia de forma. En determinado momento tiene
una forma y al siguiente otra. Es como un
espíritu deslumbrador que se nos aparece a
todos, pero que no se puede describir, pues
nadie se pone de acuerdo acerca de lo que ha
visto en medio de aquel brillante resplandor.
¿Son el manejo de los pigmentos y los
lienzos o los desconchados de la pintura y el
papel de la pared unas pruebas de su
existencia? ¿Qué tal el papel y la pluma,
los macizos de flores que bordean la calzada
del jardín o la construcción de una
universidad? Sí, por su puesto. ¿Planchar
bien un cuello de camisa, organizar una
revolución? También. ¿Tocar amorosamente
las hojas de una planta, concertar el
<<acuerdo de tu vida>>, cerrar el
telar, encontrar la propia voz, amar bien a
alguien? También. ¿Cuidar el matrimonio
como el vergel que efectivamente es, excavar
en busca del oro de la psique, encontrar una
palabra hermosa, confeccionar una cortina de
color azul? Todo eso es fruto de la vida
creativa. Todas estas cosas pertenecen a la
Mujer Salvaje, al Río bajo el río
que fluye incesantemente hacia nuestra vida.
Algunos dicen que la vida creativa está en
las ideas y otros dicen que está en las
obras. En la mayoría de los casos da la
impresión de encontrarse en un ser sencillo.
No es la virtud, aunque eso está muy bien.
Es el amor, es amar algo tanto si es
una persona como si es una palabra, una
imagen, una idea, la tierra o la
humanidadhasta el extremo de que todo
lo que se pueda hacer con lo sobrante sea una
creación. No es cuestión de querer, no es
un acto individual de voluntad; es
simplemente algo que se tiene que hacer.
En la
tradición arquetípica se tiene la idea de
que si alguien prepara un lugar psíquico
especial, el ser, la fuerza creativa, la
fuente del alma se enterará, se abrirá
camino hacia él y establecerá en él su
morada. Tanto si esta fuerza es convocada por
el bíblico <<sigue adelante y prepara
un lugar para el alma>> como si lo es
por una voz que, como en la película Field
of Dreams en la que un campesino oye una
voz que lo insta a construir un campo de
béisbol para los espíritus de los jugadores
difuntos, le dice: <<Si lo construyes,
ellos vendrán>>, el hecho de preparar
un lugar adecuado propicia la venida de la
gran fuerza creativa.
La creación de
algo en un punto determinado del río
alimenta a los que se acercan a él, a las
criaturas que se encuentran corriente abajo
ya las del fondo. La creatividad no es un
movimiento solitario. En eso estriba su
poder. Cualquier cosa que toque, quienquiera
que la oiga, vea o perciba, lo sabe y se
alimenta. Es por eso por lo que la
contemplación de la palabra, la imagen o la
idea creativa de otra persona nos llena y nos
inspira en nuestra propia labor creativa. Un
solo acto creativo tiene el poder de
alimentar a todo un continente. Un acto
creativo puede hacer que un torrente traspase
la piedra.
Por esta
razón, la capacidad creativa de una mujer es
su cualidad más valiosa, pues se ve por
fuera y la alimenta por dentro a todos los
niveles: psíquico, espiritual, mental,
emotivo y económico. La naturaleza salvaje
derrama incesantes posibilidades, actúa a
modo de canal del parto, confiere fuerza,
apaga la sed, sacia nuestra hambre de la
profunda vida salvaje. En una situación
ideal, el río creativo no tiene ningún
dique y ningún desvío y, sobre todo, no se
utiliza indebidamente.
El río de la
Mujer Salvaje nos alimenta y nos convierte en
unos seres que son como ella: dadores de
vida. Mientras nosotras creamos, este ser
salvaje y misterioso nos crea a su vez y nos
llena de amor. Somos llamadas a la vida de la
misma manera que las criaturas lo son por el
sol y el agua. Estamos tan vivas que damos
vida a nuestra vez; estallamos, florecemos,
nos dividimos y multiplicamos, fecundamos,
incubamos, transmitimos, ofrecemos.
Está claro que
la creatividad emana de algo que se levanta,
rueda, avanza impetuosamente y se derrama en
nosotras, no de algo que permanece inmóvil
esperando aunque sea de manera tortuosa
e indirectaque nosotras encontremos el
camino que conduce hacia él. En este sentido
jamas podemos <<perder>> nuestra
creatividad. Esta siempre ahí, llenándonos
o chocando con cualquier obstáculo que se
interponga en su camino. Si no encuentra
ninguna salida para llegar hasta nosotras,
retrocede, hace acopio de energía y embiste
con fuerza hasta que consigue abrir una
brecha. La única manera de evitar su
insistente energía consiste en levantar
constantes barreras contra ella o dejar que
la negligencia y el negativismo destructivo
la envenenen.
Si buscamos con
ansia la energía creativa; si tenemos
problemas con el dominio de la fertilidad, la
imaginación y la ideación; si tenemos
dificultades para centrarnos en nuestra
visión personal, actuar en consecuencia o
llevarla a su cumplimiento, significa que
algo ha fallado en la confluencia entre las
fuentes y el afluente. A lo mejor, nuestras
aguas creativas discurren a través de un
ambiente contaminado en el que las formas de
vida de la imaginación mueren antes de
alcanzar la madurez. Con harta frecuencia,
cuando una mujer se ve despojada de su vida
creativa, todas estas circunstancias se
encuentran en la raíz de la situación.
Puesto que la
Mujer Salvaje se encuentra en el Río bajo
el río, cuando fluye hacia nosotras,
nosotras también fluimos. Si la abertura que
va de ella a nosotras está bloqueada,
nosotras también nos bloqueamos. Si sus
corrientes están envenenadas por culpa de
nuestros complejos negativos interiores, del
ambiente o de las personas que nos rodean,
los delicados procesos que configuran
nuestras ideas también se contaminan. Y
entonces somos como un río moribundo, lo
cual no se puede pasar por alto, pues la
perdida de una clara corriente creativa
constituye una crisis psicológica y
espiritual.
Cuando un río
esta contaminado, todo empieza a morirse
porque, tal como sabemos en la biología
medioambiental, cada forma de vida depende de
todas las demás. Nada ni nadie es
independiente, se necesita de otros seres
alrededor para poder vivir, por eso los peces
no brincan fuera del agua, los pájaros no se
zambullen y los lobos y otras criaturas que
se acercan al río para refrescarse se van a
otro sitio o se mueren por haber bebido agua
corrompida o haber devorado una presa que a
su vez se había alimentado con las
moribundas plantas de la orilla.
Entonces nos
sentimos enfermas y queremos salir adelante.
Vagamos sin rumbo fingiendo que nos las
podemos arreglar sin la lujuriante vida
creativa o bien simulándola; pero no podemos
y no debemos. Se puede ser una cautivadora
mujer del río, ser fértil y generosa, que
crea a partir de su propio cuerpo. Se puede
ser pobre y sobrecogedoramente hermosa, pero
rica de alma y espíritu.

LA
CONTAMINACION DEL ALMA SALVAJE.
a destrucción
de lo femenino fértil. Tanto si la
contaminación de la belleza salvaje se
produce en el mundo interior como si ocurre
en el mundo exterior, la contemplación de lo
que sucede resulta dolorosa. A veces en la
cultura moderna consideramos que lo uno es
mucho más devastador que lo otro, pero ambas
cosas son igualmente graves.
Detrás de las
acciones de escribir, pintar, pensar, curar,
hacer, guisar, conversar, sonreír, realizar,
está siempre el Río bajo el río que
alimenta todo lo que hacemos. El río se ve
como la Gran Dama que pasea por la
tierra con la holgada falda azul y plata y a
veces oro, que se tumba en el suelo para
fertilizarlo.
En el norte de
Nuevo México, cuando hay una tormenta o
viento o cuando se produce una repentina
inundación, se habla del río como si éste
fuera una mujer sexualmente excitada que, en
su ardor, se apresura a tocar todo lo que
puede para hacerlo crecer. Vemos por tanto
que en este caso el río simboliza una forma
de generosidad femenina que estimula, excita
y apasiona. Los ojos de las mujeres se
encienden cuando crean, sus palabras cantan
alegremente, sus rostros resplandecen de vida
y hasta parece que se intensifica el brillo
de su cabello. La idea las excita, las
posibilidades las estimulan, el pensamiento
las apasiona y, al llegar a este punto, tal
como ocurre con el gran río, tienen que
fluir sin interrupción por su incomparable
camino creativo. Eso es lo que hace que las
mujeres se sientan satisfechas.
Pero a veces,
como en los cuentos, la vida creativa de una
mujer es confiscada por algo que quiere hacer
cosas pertenecientes al ego y exclusivamente
para el ego, unas cosas que no poseen valor
espiritual duradero. A veces, las presiones
de la cultura a la que pertenece la mujer
dicen que sus ideas creativas son inútiles,
que nadie las querrá, que de nada sirve que
siga adelante. Eso es una contaminación. Es
como verter plomo al cauce del río. Eso es
lo que envenena la psique.

EL
ENVENENAMIENTO DEL RIO.
n un ciclo
natural puede haber inquietud e impaciencia,
pero jamas se experimenta la sensación de
que el alma salvaje se está muriendo.
Podemos establecer la diferencia examinando
nuestras expectativas: aunque nuestra
energía creativa este paralizada por una
larga incubación, nosotras seguimos
esperando con ansia el resultado, percibimos
los crujidos y las vibraciones de esta nueva
vida que da vueltas y zumba en nuestro
interior. No nos sentimos desesperadas. No
embestimos ni agarramos ávidamente.
En cambio,
cuando la vida creativa se muere por que no
cuidamos la salud del río, la situación es
muy distinta. Entonces sentimos exactamente
lo mismo que el río moribundo;
experimentamos perdida de energía y nos
sentimos cansadas; nada se arrastra, nada es
fangoso, nada deja hojas, nada se enfría ni
se calienta. Nos volvemos espesas y lentas en
sentido negativo y estamos envenenadas por la
contaminación o por una acumulación de
tareas atrasadas y un estancamiento de todas
nuestras riquezas. Todo parece contaminado,
turbio y tóxico.
¿Cómo se
puede haber contaminado la vida creativa de
una mujer? Toda esta embarradura de la vida
creativa invade las cinco fases de la
creación: la inspiración, la
concentración, la organización, la puesta
en practica y el mantenimiento. Las mujeres
que han perdido una o más fases dicen que
<<no se les ocurre>> nada nuevo,
útil o empático. Se
<<distraen>> fácilmente con
aventuras amorosas, demasiado trabajo,
demasiados juegos, demasiado cansancio o
temor al fracaso.
Otras veces la
mujer se siente atacada por los que la rodean
o por las voces que le martillean la cabeza
diciendo <<Tu trabajo no está lo
bastante bien, no es suficientemente bueno,
no es suficientemente tal cosa o tal otra. Es
demasiado, demasiado infinitesimal, demasiado
insignificante, requiere demasiado tiempo, es
demasiado fácil, demasiado duro>>.
Todo eso es como verter cadmio en las aguas
del río.
Hay otro cuento
que describe el mismo proceso, pero utiliza
otro simbolismo. En un episodio de la
mitología griega los dioses decretan que
unas aves llamadas Arpías (1) castiguen a un
tal Fineo. Cada vez que a Fineo le servían
comida por arte de magia, la bandada se
acercaba, le robaba parte de la comida,
desperdigaba otra parte y manchaba con sus
excrementos el resto, dejando al pobre hombre
muerto de hambre (2).
El
<<Síndrome de la Arpía>>
destruye por medio de la denigración todas
las cualidades y todos los esfuerzos de una
mujer, utilizando un dialogo interior
extremadamente despectivo. A una mujer se le
ocurre una idea y la Arpía se le caga
encima. <<Creo que voy a hacer tal cosa
o tal otra>>, dice la mujer. La Arpía
le contesta: <<Menuda idiotez, eso no
le interesa a nadie, es tan simple que hasta
da risa. Mira bien lo que te digo, tus ideas
son una bobada, la gente se reirá, no tienes
nada que decir.>> Así hablan las
Arpías.
Los pretextos
son otra forma de contaminación, a muchas
escritoras, pintoras, bailarinas y otras
artistas les he oído alegar todos los
pretextos que se han inventado los seres
humanos desde que el mundo es mundo.
<<Lo resolveré cualquier día de
estos.>> Y entre tanto, la mujer
sonríe para disimular su depresión.
<<Procuro estar ocupada, he intentado
escribir un poquito; el año pasado hasta
escribí dos poemas y, en los últimos
dieciocho meses, he terminado un cuadro y he
pintado parcialmente otro y, además, la
casa, los niños, el marido, mi amigo, el
gato, el niño pequeño exigen toda mi
atención. Lo superare, no tengo dinero, no
tengo tiempo, no consigo buscar un hueco, no
puedo empezar hasta que tenga los mejores y
los más caros instrumentos o experiencias,
ahora mismo no me apetece, no estoy de humor.
Necesito por lo menos un día de tiempo para
hacerlo, es que, es que...>>
~1~
En otros tiempos, las Arpías eran las
diosas de la tormenta. Eran divinidades
de la Vida y la Muerte. Por desgracia,
les impidieron ejercer ambas funciones y
se convirtieron en criaturas
unilaterales. Tal como hemos visto en las
interpretaciones de la naturaleza de la
Vida/Muerte/Vida, cualquier fuerza que
preside el nacimiento preside también la
muerte. En Grecia, sin embargo, la
cultura dominada por el pensamiento y los
ideales de unos pocos había subrayado
con tal fuerza el aspecto mortal de las
Arpías mostrándolas como unas criaturas
diabólicas mitad mujer mitad ave de
rapiña que su naturaleza incubadora,
alumbradora y nutricia quedo eliminada.
Cuando Esquilo escribió la trilogía de La
Orestíada en la que las Arpías
mueren o son perseguidas hasta una cueva
de los confines de la tierra, la
naturaleza revitalizadora de estas
criaturas ya había sido totalmente
sepultada.
~2~
Se trata de una versión posterior a La
Orestíada. Por cierto, no todas las
capas son patriarcales y no todas las
cuestiones patriarcales son negativas.
Hay cierto valor incluso en las antiguas
y negativas capas patriarcales de los
mitos que antiguamente se complacían en
acentuar las cualidades fuertes y
saludables de lo femenino, pues no sólo
nos muestran de que forma una cultura
conquistadora socavaba la antigua
sabiduría sino que también nos pueden
mostrar de qué manera una mujer
sojuzgada o con los instintos heridos era
obligada a verse a sí misma no sólo
entonces sino también ahora, y de qué
manera se podía curar. Una serie de
ordenes destructivas dirigida a las
mujeres o contra las mujeres (y/o contra
los hombres) deja una especie de
radiografía arquetípica de aquello que
se desfigura en el desarrollo de una
mujer cuando ésta se educa en una
cultura que no considera aceptable lo
femenino. Debido a ello, no tenemos que
hacer conjeturas. Todo queda grabado en
las sucesivas capas de los cuentos de
hadas y los mitos.

EL
INCENDIO DEL RIO.
a corriente
creativa contaminada puede estallar de
repente en un incendio tóxico que no sólo
queme el combustible de la basura del río
sino que convierta también en cenizas todas
las formas de vida. La acción simultanea de
un numero excesivo de complejos psíquicos
puede provocar unos daños inmensos en el
río. Los complejos psicológicos negativos
se yerguen y ponen en tela de juicio la
valía, la intención, la sinceridad y el
talento de la mujer. También le envían
inequívocos mensajes, según los cuales
tiene que <<ganarse la vida>>
haciendo cosas que la agoten, no le dejen
tiempo para crear y destruyan su voluntad de
imaginar. Algunos de los robos y castigos
preferidos que los malévolos complejos
imponen a la creatividad de las mujeres giran
en torno a la concesión al Yo del alma de
<<tiempo para crear>> en un
lejano y nebuloso futuro. O a la promesa de
que, cuando la mujer disponga de varios días
seguidos libres, empezara finalmente la
juerga. Pero todo es mentira. El complejo no
tiene la menor intención de cumplir las
promesas. Es otra manera de asfixiar el
impulso creativo.
Las voces
también pueden susurrar: <<Sólo si
obtienes un doctorado tendrás un trabajo
como Dios manda, sólo si te alaba la Reina,
sólo si recibes tal o cual galardón, sólo
si te publican los trabajos en tal o cual
revista, sólo si, si, si...>>>
Todos estos
condicionales equivalen a atiborrar el alma
de comida basura. Una cosa es comer lo que
sea y otra muy distinta alimentarse como es
debido. Con mucha frecuencia la lógica del
complejo tiene muchos fallos aunque éste
intente convencer a la mujer de lo contrario.
Uno de los
mayores problemas del complejo creativo es la
acusación de que cualquier cosa que haga la
mujer no dará resultado por que no piensa
con lógica, no es lógica y lo que ha hecho
hasta la fecha no es lógico, por cuyo motivo
esta condenado al fracaso. Ante todo, las
fases iniciales de la creación no son
lógicas... ni tienen por que serlo. Recuerda
que, si la lógica imperara en el mundo,
todos los hombres montarían a caballo a
mujeriegas.
La mujer tiene
que cuidar de que una responsabilidad
excesiva (o una respetabilidad excesiva) no
le roben los necesarios descansos, ritmos y
éxtasis creativos. Tiene que plantar
firmemente los pies en el suelo y decir que
no a la mitad de las cosas que ella cree que
<<tendría>> que hacer. El arte
no se puede crear solo en momentos robados.
Si la cultura
en la que vive una mujer ataca la función
creativa de sus miembros, si parte por la
mitad o destroza algún arquetipo o pervierte
su propósito o significado, todo ello se
incorporara en estado destrozado en la psique
de sus miembros, como una fuerza con el ala
rota y no como una fuerza sana, rebosante de
vitalidad y de posibilidades.
La creatividad
tiene que ser un claro acto de conciencia.
Sus acciones reflejan la claridad del río.
El animus, que constituye la base de
la acción exterior, es el hombre del río.
Es el mayordomo, es el cuidador y protector
del agua.

EL HOMBRE
DEL RIO.
egún la
clásica definición junguiana, el animus,
de genero masculino, es la fuerza del alma de
las mujeres. Sin embargo, la observación
personal ha inducido a muchas psicoanalistas
entre las que yo me incluyo a refutar la
visión clásica y a afirmar en su lugar que
la fuerza revivificadora de las mujeres no es
masculina ni ajena a ella sino femenina y
familiar.
Las figuras
masculinas de los sueños femeninos parecen
indicar que el animus no es el alma de
las mujeres sino algo <<de, desde y
para>> el alma de las mujeres. En su
forma equilibrada y no pervertida es un
<<hombre puente>> esencial. Esta
figura posee a menudo unas prodigiosas
cualidades que lo inducen a entrar en acción
como portador y puente. Es algo así como un
mercader del alma. Importa y exporta
conocimientos y productos. Elige lo mejor de
lo que se le ofrece, concierta el mejor
precio, supervisa la honradez de las
transacciones, sigue con tesón todo el
procedimiento y lo lleva a feliz término.
Otra manera de
interpretarlo podría consistir en imaginar
que la Mujer Salvaje, el Yo del alma, es la
artista y el animus es el brazo de la
artista. La Mujer Salvaje es el chofer y el animus
es el que empuja el vehículo. Ella escribe
la canción y él la orquesta. Ella imagina y
él le da consejos. Sin él, aunque el
escenario esté lleno a rebosar de actores,
el telón jamas se levanta y la marquesina
del teatro no se ilumina.
Por
consiguiente, el animus recorre el
camino entre dos territorios y, a veces,
tres: el mundo subterráneo, el mundo
interior y el mundo exterior. El animus,
que conoce muy bien todos los mundos,
envuelve y transporta todos los sentimientos
y las ideas de una mujer por todos esos
estrechos y en todas direcciones. Le trae a
la mujer ideas de <<allí
afuera>> y traslada las ideas del Yo
del alma de la mujer <<al
mercado>> del otro lado del puente para
sacarles provecho. Sin el constructor y
conservador de este puente terrestre, la vida
interior de la mujer no puede manifestarse
con fuerza en el mundo exterior.
No hace falta
llamarlo animus, se le puede designar
con las palabras o las imágenes que una
quiera. Pero no olvidemos que hay actualmente
dentro de la cultura femenina un cierto
recelo hacia lo masculino, que para algunas
mujeres es un temor <<a necesitar lo
masculino>> y para otras es una
dolorosa recuperación tras haber sido
aplastadas en cierto modo por él. Por regla
general, el recelo es fruto de unos traumas
generados por la familia y la cultura en las
épocas en que las mujeres eran tratadas como
siervas y no como personas, unos traumas que
ahora están a duras penas empezando a sanar.
Cuando existe
el debido equilibrio, el animus se
comporta como un asistente, un ayudante, un
amante, un hermano, un padre y un rey. Lo
cual no quiere decir que el animus sea
el rey de la psique femenina tal como quizá
desearía una ofendida visión paternalista.
Significa que en la psique femenina hay un
aspecto regio, un elemento que, cuando se
desarrolla como actitud, actúa y media en
amoroso servicio de la naturaleza salvaje. El
arquetipo del rey representa la fuerza que
tiene que actuar en nombre de la mujer y en
su beneficio, gobernando lo que ésta y el
alma le recomiendan y administrando las
tierras psíquicas que se le confían.
Alguien me dijo
cuando era pequeña que era tan fácil crear
para lo bueno como crear para lo malo. Pero
yo he descubierto que no es así. Es mucho
mas difícil mantener el río limpio. Es
mucho mas fácil dejar que se contamine.
Crear deriva
del latín creare con el significado
de producir vida o cualquier otra cosa donde
antes no había nada.
En la psique se
produce un extraño fenómeno: cuando una
mujer se encuentra bajo los efectos de un animus
negativo, cualquier intento de crear algo lo
induce a atacar a la mujer. Ésta piensa
matricularse en algún curso o va a clase,
pero se queda atascada de golpe y se asfixia
por falta de alimento y apoyo. Una mujer
acelera, pero se queda constantemente
rezagada. Cada vez hay mas proyectos de labor
de punto sin terminar, más cuadros de flores
jamas plantados, más excursiones jamas
realizadas, más notas jamas escritas para
decir simplemente <<Tengo
interés>>, más lenguas extranjeras
jamas aprendidas, más lecciones de música
abandonadas, más tramas colgadas del telar,
esperando y esperando...

LA
RECUPERACION DEL RIO.
a naturaleza
de la Vida/Muerte/Vida hace que el Destino,
la relación, el amor, la creatividad y todo
lo demás se muevan de acuerdo con unas
pautas amplias y salvajes, las cuales se
suceden en el siguiente orden: creación,
desarrollo, poder, disolución, muerte,
incubación, creación y así sucesivamente.
El robo o la ausencia de ideas, pensamientos
y sentimientos son el resultado de una
corriente alterada. He aquí de qué manera
se puede recuperar el río.
Acepta alimento
para iniciar la limpieza del río. Se nota
que hay agentes contaminantes que alteran el
río cuando la mujer rechaza los sinceros
cumplidos que se le hacen a propósito de su
vida creativa. Es posible que solo haya una
moderada contaminación cuando por ejemplo la
mujer contesta con aire indiferente:
<<Es muy amable de tu parte hacerme
este cumplido>>; o puede haber una
grave contaminación: <<Ah, es una
birria>> o <<No estás en tus
cabales>>. Una respuesta a la defensiva
es también un indicio de lo mismo
<<Pues claro que soy maravillosa.
¿Cómo no te habías dado cuenta?>>.
Todas estas reacciones denotan un animus
herido. Las cosas buenas fluyen hacia la
mujer, pero el animus las envenena de
inmediato.
Para invertir
el fenómeno, una mujer tiene que esforzarse
en aceptar el cumplido (aunque inicialmente
parezca que esta vez se abalanza sobre él
para poder quedárselo todo para ella sola),
saborearlo, combatir contra el malévolo animus
que quisiera decirle al que hace el cumplido:
<<Eso es lo que tú crees por que no
sabes la cantidad de errores que ha cometido,
no te das cuenta de lo tonta que es,
etc.>>.
Reacciona.
Así es como se limpia el río. Los lobos
levan unas vidas inmensamente creativas.
Toman a diario docenas de decisiones, deciden
si ir por aquí o por allá, calculan la
distancia, se concentran en su presa, sopesan
las posibilidades, aprovechan la oportunidad,
reaccionan con fuerza para poder alcanzar sus
objetivos. Su habilidad para localizar lo
escondido, unir sus intenciones, concentrarse
en el resultado apetecido y actuar en
consecuencia para conseguirlo son justo las
características que los seres humanos
necesitan para llevar a feliz término sus
propósitos.
Para crear se
tiene que saber reaccionar. La creatividad es
la capacidad de reaccionar a todo lo que nos
rodea, de elegir entre los cientos de
posibilidades de pensamiento, sentimiento,
acción y reacción que surgen en nuestro
interior, y reunirlo todo en una singular
respuesta, expresión o mensaje que posea
impulso, pasión y significado. En este
sentido, la perdida de nuestro ambiente
creativo significa vernos limitadas a una
sola elección, sentirnos despojadas y
obligadas a reprimir o censurar los
sentimientos y los pensamientos y a no
actuar, no decir, no hacer o no ser.
Sé salvaje.
Así es como se limpia el río. En su estado
original, el río no fluye contaminado,
nosotras nos encargamos de contaminarlo. El
río no se seca, somos nosotras las que lo
bloqueamos. Si queremos devolverle su
libertad, tenemos que permitir que nuestras
vidas ideativas fluyan libremente, dejando
que salga cualquier cosa, y sin censurar nada
en principio. Eso es la vida creativa, fruto
de una divina paradoja. Se trata de un
proceso enteramente interior. Para crear,
tenemos que estar dispuestas a ser totalmente
estúpidas, sentarnos en un trono en lo alto
de un imbécil y derramar rubíes por la
boca. Entonces el río fluirá y nosotras
podremos permanecer de pie en medio de su
corriente bajo la lluvia. Podremos extender
las faldas y las blusas y recoger toda el
agua que podamos llevar.
Empieza.
Así es como se limpia el río contaminado.
Si tienes miedo de fracasar, yo te digo que
empieces, fracasaras si no hay mas remedio,
te vuelvas a levantar y vuelvas a empezar. Y
si fracasas de nuevo, fracasa. ¿Y qué?
Vuelve a empezar. No es el fracaso lo que nos
paraliza y nos mantiene estancadas sino la
renuencia a volver empezar. ¿Qué más da
que tengas miedo? Si tienes miedo de que algo
se te eche encima y te pegue un mordisco, por
lo que más quieras, afróntalo de una vez.
Deja que tu temor se te eche encima y te
pegue un mordisco. De esta manera lo
vencerás y podrás seguir adelante. Lo
vencerás. El temor se te pasara. En este
caso, es mejor afrontarlo directamente,
sentirlo y vencerlo que seguir utilizándolo
como excusa para no tener que limpiar el
río.
Protege tu
tiempo. Así se eliminan los agentes
contaminantes.
Persevera.
¿Cómo eliminar del todo esta
contaminación? Insistiendo en que nada nos
impedirá ejercitar un animus bien
integrado, siguiendo adelante con nuestro
empeño de hilar alma y fabricar alas, con
nuestro arte, nuestros remiendos y nuestras
costuras psíquicas, tanto si nos sentimos
fuertes como si no, tanto si nos sentimos
preparadas como si no. Sólo estamos
nosotras. Nosotras somos las únicas que
podemos vigilar el Yo del alma y el animus
heroico. Es una crueldad regarlos una vez a
la semana, una vez al mes o una vez al año.
Todos tienen sus propios ritmos circadianos.
Nos necesitan y necesitan el agua de nuestro
arte cada día.
Protege tu
vida creativa. Para evitar el hambre
del alma, da al problema su verdadero
nombre y resuélvelo, practica a diario tu
tarea. Y después no permitas que ningún
pensamiento, ningún hombre, ninguna mujer,
ningún compañero, ningún amigo, ninguna
religión, ningún trabajo y ninguna voz
avinagrada te obliguen a pasar hambre. En
caso necesario, enseña los incisivos.
Construye tu
verdadero trabajo. Construye una cabaña
de cordialidad y sabiduría. Toma tu energía
de allí y tráela hacia aquí. Insiste en
establecer un equilibrio entre la
responsabilidad prosaica y el arrobamiento
personal. Protege el alma. Insiste en llevar
una vida creativa de calidad. No permitas que
tus complejos, tu cultura, tus desechos
intelectuales o las rimbombantes bobadas
aristocráticas, pedagógicas o políticas te
la roben.
Pon alimento
para la vida creativa. Aunque hay muchas
cosas buenas y nutritivas para el alma, casi
todas ellas están incluidas en los cuatro
grupos básicos de alimentos de la Mujer
Salvaje: tiempo, sentido de pertenencia,
pasión y soberanía. Haz acopio de ellos.
Son los que mantienen limpio el río.

LA
REPRESION DE LA FANTASIA CREATIVA.
"Cada vez
que muere un alma, cae una estrella del
cielo"
i tu te
encuentras en un ambiente lleno de
indiferencia, vete. Estar en un ambiente en
el que no se valora lo que la mujer tiene
para poder sobrevivir en medio del frío,
como unas llamitas en lo alto de unos
palitos, que son el principio de cualquier
posibilidad creativa y no morir. Si tú te
encuentras en este apuro da media vuelta y
aléjate. Si te ha ocurrido de que estas en
una situación psíquica donde se te ofrecen
muy pocas alternativas, y te has resignado a
permanecer en el <<lugar>> que te
ha tocado en suerte, no te resignes y vete,
soltando coces. Cuando la Mujer Salvaje se
siente acorralada, no se rinde sino que se
arroja hacia delante y extiende las garras
para luchar.
No sé muy bien
cuantos amigos se necesitan, pero está claro
que por lo menos uno o dos que nos digan que
nuestro don, cualquiera que éste sea, es pan
del cielo. Toda mujer tiene derecho a
disfrutar de un coro de alabanzas.
Cualquier
persona que no apoye tu arte o tu vida no
merece que tú le dediques tiempo. Muy duro
pero cierto.
Los amigos que
nos aman y contemplan calurosamente nuestra
vida creativa son los mejores soles del
mundo. Cuando una mujer, no tiene amigos, se
queda congelada por la angustia y a veces
también por la cólera. Y en ocasiones,
aunque tenga amigos, puede que éstos no sean
unos soles. Es posible que la consuelen en
lugar de hablarle de su situación cada vez
más congelada. Pero el consuelo no tiene
absolutamente nada que ver con el alimento.
El alimento mueve a la mujer de un lado a
otro. El alimento es algo así como unos
copos de cereales psíquicos. La diferencia
entre el consuelo y el alimento consiste en
lo siguiente: si tú tienes una planta que
está enferma por que la guardas en un
armario oscuro y le diriges palabras
tranquilizadoras, eso es un consuelo. Si
sacas la planta del armario, la pones al sol,
le das algo de beber y le hablas, eso es un
alimento.
La fantasía
del consuelo nos matara con toda seguridad.
Ya sabemos lo letales que pueden ser las
fantasías: <<Algún día>>,
<<Si tuviera por lo menos>>,
<<él cambiara>>, <<Si
aprendo a dominarme, cuando esté bien
preparada, cuando tenga suficiente esto o
aquello, cuando los niños sean mayores,
cuando tenga más seguridad, cuando encuentre
a alguien, en cuanto...>>, etc.
Cuando las
mujeres están desconectadas del nutritivo
amor de la madre salvaje, se encuentran en
una situación equivalente a una dieta de
mera subsistencia en el mundo exterior. El
ego trata de vivir como puede con una mínima
cantidad de alimento del exterior y cada
noche regresa una y otra vez del lugar donde
empezó y allí se queda dormido, muerto de
cansancio.
La mujer no
puede despertar a una vida con futuro por que
su desdichada existencia es como un gancho
del que ella cuelga diariamente.
El invierno
psíquico en si sentido más negativo trae el
beso de la muerte es decir, la
frialdad a todo lo que toca. La
frialdad significa el final de cualquier
relación. Si quieres matar algo, muéstrate
fría. En cuanto los sentimientos, los
pensamientos o las acciones se congelan, ya
no es posible la relación. Cuando los seres
humanos quieren abandonar algo que llevan en
sí mismos o dejar a una persona fuera, en
medio del frío, procuran no prestarle
atención, cancelan las invitaciones, las
excluyen, se desvían de su camino para no
tener siquiera que oírla ni verla.
El fuego es el
símbolo más importante del revitalizador de
la psique.
Entregarse a
las fantasías en lugar de emprender una
acción, utilizar la energía para seguir un
camino momentáneo. Todo eso se percibe con
toda claridad en la vida de la mujer. Está
decidida a ir a la universidad, pero tarda
tres años en decidir en cuál se va a
matricular. Piensa pintar una serie de
cuadros, pero, no tiene ningún sitio donde
montar la exposición, no convierte la
pintura en una prioridad. Quiere hacer esto o
aquello, pero no dedica el tiempo necesario a
aprender o a desarrollar la sensibilidad o la
habilidad necesarias para hacerlo bien. Tiene
diez cuadernos de notas llenas de sueños,
pero está atrapada en su interpretación y
no consigue llevar a la práctica sus
significados. Sabe que tiene que marcharse,
empezar, dejar, ir, pero no lo hace.
La psique
empieza a gastarse bromas a sí misma y ahora
vive en el fuego imaginario del cumplimiento
de todos los anhelos. Pero esta clase de
fantasía es como una mentira: cuando la
persona la dice a menudo, acaba por
creérsela.

LA
RENOVACION DEL FUEGO CREADOR.
a
concentración está formada por la
percepción y el oído, y sigue las
instrucciones de la voz del alma. Muchas
mujeres son muy duchas en el arte de
concentrarse, pero, cuando se les va el santo
al cielo, se dispersan como un edredón de
plumas esparcido por toda la campiña.
Es importante
tener un recipiente en el que guardar todo lo
que percibimos y oímos desde la naturaleza
salvaje. En algunas mujeres, el recipiente
son sus diarios en el que anotan todas las
plumas que pasan volando, en otras es el arte
creativo, el baile, la pintura, la escritura.
¿Recuerdas a Baba Yagá? Tiene una olla muy
grande; vuela por el cielo en una caldera
que, en realidad, es un almirez y una mano de
almirez. En otras palabras, tiene un
recipiente donde poner las cosas, tiene una
manera muy concentrada de pensar y de moverse
de un lugar a otro. Sí, la concentración es
la solución al problema de la perdida de
energía. Eso y otra cosa. Veamos.
Perder la
concentración equivale a perder la energía.
Y lo peor que se puede hacer cuando hemos
perdido la concentración es correr de un
lado a otro para intentar reunirlo todo otra
vez. No hay que correr, lo que hay que hacer
es sentarse y acunar. La paciencia, la paz y
el movimiento de balanceo renuevan las ideas.
El simple hecho de sostener la idea y de
tener la paciencia de acunarla es lo que
algunas mujeres llaman un lujo. La Mujer
Salvaje dice que es una necesidad.
Es algo que los
lobos saben muy bien. A veces, cuando aparece
un intruso los lobos gruñen, ladran e
incluso lo muerden, pero otras veces se
retiran hacia el lugar donde se encuentra su
grupo y se sientan tal como haría una
familia. Se limitan a permanecer sentados y a
respirar juntos. Las cajas torácicas se
hunden hacia dentro y se proyectan hacia
fuera, suben y bajan. Se concentran en sí
mismos y deciden qué es lo más importante y
qué hacer al respecto. Llegan a la
conclusión de que <<de momento no van
a hacer nada, se limitarán a permanecer
sentados y a respirar, se limitarán a
balancearse juntos>>.
¿Haz visto
alguna vez a una mujer trabajar como una
fiera y detenerse sin más? ¿Haz visto
alguna vez a una mujer que lucha con denuedo
por alguna causa social y que, al día
siguiente, le vuelve la espalda y dice:
<<Que se vaya todo al infierno>>?
Su animus está agotado y necesita que
lo acune La Que Sabe. La mujer cuya
idea o energía se ha debilitado, marchitado
o agotado por completo necesita conocer el
camino que conduce a esta vieja curandera
y le tiene que llevar su agotado animus
para que lo renueve.
Pero al final
la mujer tiene que descansar, equilibrarse y
recuperar la concentración. Tiene que
rejuvenecerse y recobrar la energía. Ella
que no puede, pero sí puede, pues el circulo
de las mujeres, tanto si éstas son madres
como si son estudiantes, artistas o
activistas, siempre se cierra para llenar el
hueco de las que se van a descansar. Una
mujer creativa tiene que descansar y regresar
más tarde a su trabajo. Tiene que ir a ver a
la vieja del bosque, a la revitalizadora, a
la Mujer Salvaje en una de sus múltiples
representaciones. La Mujer Salvaje ya sabe
que el animus se cansa con
regularidad. No se sorprende de que éste se
desplome al cruzar su puerta. Ya está
preparada. No se nos acercará corriendo,
presa del pánico. Nos recogerá y nos
sostendrá en sus brazos hasta que volvamos a
recuperar nuestro poder.
Nosotras
tampoco hemos de asustarnos cuando perdamos
el impulso o la concentración. Tal como hace
ella, debemos sostener la idea y quedarnos un
ratito con ella. Tanto si nuestra
concentración está enteramente ocupada en
nuestro propio desarrollo como si lo está en
los asuntos mundiales o en las relaciones.,
el animus se cansará. No es una
cuestión de <<si>> sino de
<<cuando>>. Esfuerzos prolongados
tales como terminar los estudios, concluir un
manuscrito, culminar la propia obra, cuidar
de un enfermo, son actividades que hacen que
la otrora joven energía envejezca, se venga
abajo y ya no pueda salir adelante.
El atribuir el
genero masculino a la fuerza inagotable
constituye un error. Es una introyección
cultural que se tiene que desterrar de la
psique. Este error da lugar a que tanto las
energías masculinas del paisaje interior
como los varones de la cultura experimenten
una injustificada sensación de fracaso
cuando se cansan o necesitan descansar. Todo
el mundo necesita hacer una pausa para
recuperar las fuerzas. El modus operandi
de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida es
cíclico y se aplica a todo el mundo y a
todas las cosas.
Tu gastada idea
o actividad podrá resplandecer con más
fulgor si eliminas una parte y te desprendes
de ella. Es la misma idea del escultor que
elimina una parte del mármol para que se vea
mejor la forma oculta que hay debajo. Una
excelente manera de renovar o fortalecer los
objetivos o actividades que están agotados
consiste en desprenderse de algunas ideas y
concentrarse en el resto.
Arranca tres
cabellos de tu actividad y arrójalos al
suelo. Allí se convierten en una llamada
para que despertemos. El hecho de arrojarlos
al suelo provoca un ruido psíquico, un
timbre, una resonancia en el espíritu de una
mujer que da lugar a que ésta reanude su
actividad. El sonido de algunas de las ideas
que caen al suelo se convierte en el anuncio
de una nueva era o de una nueva oportunidad.
En realidad, la
vieja La Que Sabe está podando
ligeramente lo masculino. Sabemos que la
eliminación de las ramas muertas fortalece
los arboles. Sabemos también que el corte de
los capullos de ciertas plantas ayuda a
hacerse más frondosas y lozanas. Para la
Mujer Salvaje, el ciclo de crecimiento y
disminución del animus es algo
natural.
Pues entonces,
¿cuál es el propósito de esta renovación
y concentración, de este afán de recuperar
lo que se había perdido y de correr con los
lobos? Es para ir directas a la yugular, para
llegar hasta las semillas y los huesos de
cualquier cosa que haya en nuestra vida, pues
allí está el placer y la alegría, allí
está el Edén de la mujer, el lugar donde
hay tiempo y libertad para ser, pasear,
asombrarse, escribir, cantar, crear y no
tener miedo. Cuando los lobos perciben el
placer o el peligro, lo primero que hacen es
quedarse absolutamente inmóviles. Se
convierten en estatuas concentradas para
poder ver, oír y percibir en su forma más
elemental que es lo qué ocurre.
A este mundo
acuden las mujeres para recuperar su voz, sus
valores, su imaginación, su clarividencia,
su perspicacia, sus cuentos y los antiguos
recuerdos femeninos. Todo eso es fruto de la
concentración y la creación. Si has
percibido la concentración, siéntate y no
te muevas. Toma la idea y acúnala hacia
delante y hacia atrás. Quédate con una
parte de ella, arroja el resto y verás cómo
te renuevas. No tienes que hacer nada más.

Continuación:
Capitulo 11
El calor: La recuperación de la sexualidad
sagrada.

© 1992 / 1995
por Clarissa Pinkola Estés, Ph.D.